Una colilla

En los paquetes de tabaco hay un cartelito, normalmente escrito en Helvética Neue Bold y en tinta negra, como las esquelas de los periódicos, en los que reza una frase parecida a esta: «Las autoridades sanitarias advierten que el fumar es perjudicial para la salud porque puede matar».

No sólo es perjudicial para la salud. También lo es para la salud vegetal, porque mata y lo hace mucho más deprisa que en una persona.

La parte final de un cigarrillo, eso que denominan colilla, es para el bosque el equivalente a una bala del calibre 9 mm para un ser humano.

Si una persona, diestra o siniestra, coge un arma cargada y dispara contra otra, normalmente, para apretar el gatillo lo hace usando el dedo índice. Apunta, dispara y zas. A la porra.

El pulgar se usa para agarrar, por detrás, la empuñadura del arma.

Cuando una persona diestra o siniestra, lanza una colilla encendida (cargada) al bosque, casi siempre, utiliza los mismos dedos que cuando usa un arma. El pulgar es el receptáculo en el que se ubica la colilla y el índice lo usa de palanca o gatillo para lanzarla, provocando por consiguiente, una muerte rápida.

En este último incendio de las montañas de Llançà y Port de la Selva, la protagonista vuelve a ser una colilla. Es decir, una bala que mata muy rápidamente.

Cuando hay un asesinato, la policía investiga todos los elementos de la escena del crimen para averiguar, en la medida de lo posible, el qué, el por qué, quién, de ese horrible episodio.

En este asesinato ecológico, parece ser que la policía o las autoridades competentes, van a hacer lo mismo que pasa en las películas de CSI. Tomarán una muestra del ADN de la colilla (esperemos que así sea) y darán con el asesino o asesina del ser vegetal, del bosque, de la vida que ha sido arrebatada por el descerebrado o descerebrada de turno.

Esperemos que esas nuevas técnicas científicas sirvan para dar con el o la causante de tan atroz episodio.

No quiero hablar de las autoridades incompetentes del gobierno central, al no permitir la ayuda que les ofrecían desde la Catalunya Nord, porque me pondría a llorar.

Ese tema es mejor dejarlo para las autoridades de aquí, de las que espero que se pongan las pilas lo antes posible y den un puñetazo encima de la mesa de una vez por todas.

Por lo demás, seguiremos esperando y deseando que las técnicas que se utilizan para descifrar un asesinato también sirvan para resolver un crimen ecológico.

Una colilla

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