Todos se mueven

Cinco mil cuatrocientos veintiocho habitantes tenía censados Sant Pol de Mar en 2020. A fecha de hoy, no lo sé. Seguro que más, porque ha habido mucho movimiento con la pandemia. Sé que mucha gente acabó de Barcelona hasta arriba y necesitaba un cambio de aires.

Es normal. Barcelona se ha convertido en un tablero del juego de la oca. De la oca o de la loca. No estoy muy seguro. Mucho agobio. Requiere demasiado esfuerzo esta gran ciudad. La gente se mueve. Se marcha.

Tenemos la costumbre de movernos y más si hace mucho que no estaba permitido. Relajarnos ha servido para dejar ir ansiedad, como cuando sueltas helio en un globo.

Todos se mueven por cualquier sitio. En cualquier parte te puedes encontrar con alguien, conocido o desconocido. Nos movemos como en manadas, de forma irracional. A temporadas. Estos días toca cualquier destino. Montaña, mar, ciudades para visitar. Estamos en semana santa, hace calor y tenemos cierta relajación. No sé si demasiada.

Soy motorista y este viernes tocaba salida. La ruta era absolutamente improvisada. Dependía de la cantidad de latas que nos encontráramos por el camino. Todos se mueven. Coincidí con media humanidad en muchos rincones del parque del Montseny.

Mi ventaja frente a las cuatro ruedas es que puedo aparcar donde quiera, siempre que no moleste. Pero no quise ni tan siquiera molestar. Había demasiada humanidad por todas partes.

Aún está permitido, pero no se sabe hasta cuándo. De momento, todos se mueven hasta que dejen de hacerlo.

Todos se mueven

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