El carro de la compra

Después de la partida de dominó que, casi todos los martes, disputaba la peña Tosca en el casino del pueblo, los dos amigos miraron el reloj casi al unísono.

—Son las siete y media. O salimos pitando o no llegaremos a tiempo como pasó el martes. —Le dijo Sonsoles a Taki, mirándole a la cara.

Sonsoles sabía que si Taki no le leía los labios, no se enteraría de un pimiento. De pequeño, tuvo un accidente jugando con sus colegas. Rodolfo le partió una rama de abedul en el hueso parietal de la cabeza. Estaban jugando a piratas y no se le ocurrió nada mejor que pararlo en seco.

Ese pequeño incidente le produjo a Taki un problema irreversible de salud que, a sus cuarenta años, sigue provocándole bastantes otitis. Le seccionó, sin querer, parte de la trompa que lleva su mismo nombre. Desde entonces, su audición no sobrepasa el cinco por ciento. Vamos, que está bastante corcho.

Aunque Sonso diga que no, siente un no sé qué por Taki. Está, como te diría, ¿enamorada?, pero como no se decida de una vez, que ya toca, seguirán siendo amigos para los restos.

A Taki le ocurre algo parecido. Son tan amigos y se quieren tanto que tiene miedo de declararse y que todo se vaya a la porra, pero eso es otra historia.

Sonsoles Luna y Eustaquio Tapias entraban por la puerta corredera del Lidl justo a tiempo. A las ocho en punto de la tarde, para no perder la costumbre, cogidos de la mano y a la carrera, apostaban quién llegaría primero a la cola de los carros.

Cada vez que Taki atraviesa el umbral del supermercado suelta sus cinco palabrotas, como una letanía. Sonso, que está de acuerdo en casi todo, le secunda con la quinta.

—Me tienen hasta los cojones. Llevo años quejándome del servicio que ofrecen a los sordos en este supermercado. No nos hacen puto caso. Todas las promociones las canta una grabación por megafonía. Y a mí, ¿de qué mierdas me sirve si no lo oigo? Qué suerte tengo contigo, Sonso. ¿Qué haría sin ti? Me cagüentoo.
—Taki, tienes toda la razón. Son unos cabrones y unos desalmados.

Y así, cada vez que entran en el súper, sueltan los cinco improperios. Solo cinco. Después, Taki al timón del carro de la compra y Sonso, lista en mano, se dedican a deambular por los pasillos en busca de lo que comprarán esa tarde.

To be continued (by Oswaldo)…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
Hola 👋 ¿Te puedo ayudar?