Silencio

Algunas veces hago apuestas para ver si consigo no hablar con nadie en toda la noche. No siempre me pasa. De vez en cuando, algún humano me pregunta por esta o aquella calle, dónde conseguir una llave maestra como la mía, por qué no ponen todos los contenedores en vez de cuatro, dónde han de cursar una queja por el ruido del vecindario, etc.

Ayer casi lo consigo. De las seis horas que invierto cada noche en mi trabajo, pasé cuatro en silencio. Fue muy enriquecedor. El único sonido que detectaban mis oídos era externo, pero de mi boca no salió una palabra en ese tiempo.

No sé si los pensamientos generan algún tipo de sonido. Podía sentirlos. Podía escucharlos. Mi boca estaba cerrada. Como decía mi madre, que era muy aficionada a los refranes, en boca cerrada no entran moscas. Tal vez, se le olvidó mencionar que de contenedor de orgánica cerrada salen mosquitas, pero eso no podía saberlo, ya que cuando citaba toda la retahíla de refranes, un servidor no trabajaba en este sector.

Ayer tocó silencio y como tal únicamente fluían en mi cabeza miles de pensamientos; ideas que se podrían plasmar en una libreta, de haberla llevado. Frases estupendas con las que llenaría un montón de páginas, pero dada mi retentiva, al cabo de un rato, las había olvidado.

Me gustaría, en la medida de lo posible, repetir esta noche el mismo experimento. Esto de no intercambiar palabras con otros humanos me gustó más de lo que habría imaginado. Es mejor estar callado que pronunciar palabras vacías.

Mi madre tenía un refrán para todo y en este caso recuerdo uno muy chulo: «no hables si no es para decir algo más hermoso que el silencio». Así que no hablaré.

1 comentario en “Silencio”

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