Sí pero no

Aparece y coincides con alguien.

Decides hacerlo, pero te asalta una duda. ¿Estás seguro de ello?

Por un lado te tiras a la piscina de una forma impulsiva.

Por otro, no sabes cuál es el precio que debes pagar por cambiar tu situación.

¿Te atreves?

¿Estás seguro de ello?

Parece que hay buena onda.

Las dudas siempre están presentes entre tus pensamientos.

Venga, ¡va!

¿Seguro?

Una cabeza loca te lo impide (la tuya), pero pruebas.

Te planteas si era mejor que no hubiese pasado, pero te dejas llevar.

¿Por qué? ¿Para qué?

No lo tienes muy claro y prefieres dejarlo correr.

Crees que no es el mejor momento.

Pero, ¿cuál es?

¿Existen los buenos y los malos momentos?

¿Acaso te avisan con antelación?

Las cosas pasan.

Una frase: ya es tarde.

¿Tarde para qué? o ¿para quién?

No te atreves. Prefieres sacrificar el momento.

El tiempo seguirá su curso. De eso no hay duda.

¿Habría valido la pena?

Nunca lo sabrás.

Sí pero no

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