Segunda dosis

En tres ocasiones se ha cambiado la fecha para la segunda dosis.

La primera fue el 20 de julio

El día 17 ayudé a un amigo a hacer mudanzas. Uno del grupo, el 18 se hizo una PCR y le salió positiva. Así que el día 20 me presenté en la barraca de pinchazos. Me preguntaron cosillas. Di una respuesta y me enviaron para casa, cagando leches.

Diez días de confinamiento.

En ese momento, la maquinaria del universo empezó a hacer de las suyas.

Llamé a mis amigos para comunicarles que no podríamos vernos el fin de semana del 24 y 25 de julio porque me aconsejaron, aunque yo no tuve ningún tipo de síntoma, que me quedara en casa.

Llamé a Pilar para decirle que ya quedaríamos en otra ocasión. Le había hecho una proposición indecente y dijo que sí vendría a pasar el finde a Boadella con mis amigos.

El mismo día 24 tuve que ir de urgencias al ambulatorio. En 2011 tuve una TVP y ahora ya conozco los síntomas. Así que no me lo pensé dos veces y me presenté en urgencias para que me hicieran una eco.

¿Resultado? Se estaba preparando otro sarao.

Los diez días de confinamiento provocaron, en la línea del tiempo, cuatro acontecimientos que se produjeron el día 24 de julio:

  • La anulación del encuentro con mis amigos.
  • No conocer a Pilar.
  • el sarao vascular que, por cierto, está controlado.
  • La cuarta y la más importante de todas fue precisamente la que me ha hecho cuestionar todo lo que, a partir de ahora, cambiará para siempre.

La segunda fue el 29 de julio

Justo ese día nos íbamos de excursión en moto con mi cuñado, para pasar unos días desconectados del mundo y recapacitar sobre el cuarto acontecimiento del día 24. Así que, en esta ocasión, cambié la fecha yo, con un éxito aclaparador.

Días atrás, ya lo había intentado un par de veces, en la web del CatSalut, sin conseguir que se activara el calendario de citas. Pero el 29, no se sabe si fue por una alineación de los planetas o porque justo ese día, como dice Google: voy a tener suerte, pude cambiar sin problema la fecha de la segunda dosis.

Por cierto, David consiguió desconectarse.

La tercera fue el 6 de agosto

Para ser más exacto, el viernes.

Tenía cita a las 9:45 h.

Me había acostado la noche anterior a las 04.20 h. Trabajo de noche y acostumbro a meterme en la cama a esa hora.

Sonó el despertador a las 07:45 h para tener tiempo e ir sin prisas. No me gusta salir escopeteado.

Café. Ducha. Y para Blanes.

Un poco de cola. Conversaciones con los que esperaban.

Delante de mí, un chico flaco, con mochila. Cincuenta y nueve años, como yo. Astra-Zeneca, como yo.

Había estado 42 días caminando por los Pirineos, desde Cap de Creus a Irún, transitando por el GR11.

La conversación posterior al pinchazo, es decir, los quince minutos de seguridad, se centró en las motos. A los dos nos gustan.

—Adeu. Que te sea leve. Le dije.

Vuelta para casa. Un montón de sueño.

Tenía cuatro cosas que hacer.

A las 11:30 visita en el CAP de mi pueblo. Revisión del Sintron. Todo controlado. Menos mal.

La comida estaba solucionada. Siesta y a esperar otra vez para ir a Mataró.

Margen de seguridad

Veinticuatro horas es el margen de tiempo que te comentan, para sufrir las reacciones de la vacuna.

Nada.

Hoy, sábado, a parte de un ligero dolor en el brazo, nada de nada. Ni siquiera dolor de cabeza.

¿Es extraño? No tengo ni idea.

Cuando me pusieron la primera dosis en mayo, 24 horas después, tuve lo que se llama un trancazo. Como una gripe de esas pasajeras que dura un día y pico.

Te sientes abatido. Te duele todo el cuerpo como si te hubiesen dado una paliza.

¿Y con la segunda?

¿Me pusieron la vacuna?

Van tan deprisa que he pensado que igual se olvidaron de ponérmela, y aquí estoy esperando alguna reacción que no llega.

A saber.

De momento, todo está en orden.

La comida la tengo solucionada y después tengo cuatro cosilla por hacer antes de irme a Mataró.

Segunda dosis

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