Restricciones

A priori, podría pensar que entre la restricción que hubo en la época pandémica y ahora con la del agua, pocas similitudes hay. La mosca particular que se posa en mi oreja, me dice que alguna relación tiene que haber, si no, de qué la mosca cojonera. No sabría decir exactamente qué, pero en el ambiente se respira algo parecido. Por lo menos, en mi ambiente más cercano.

Las frases que incluyen un cuidado con, vigila o, por ejemplo, seguro que has seguido todos los pasos, creo que se repiten en ambas ocasiones.

En la época pandémica repasábamos si en las salidas de casa, cuando nos lo permitieron, llevábamos todos los gadgets, mascarilla, alcohol, medidor de distancia de seguridad, y a la vuelta de cualquier gestión, si teníamos el limpiador de gérmenes, el cambio de zapatillas para dejar los zapatos en la entrada de casa y otro gadget obligatorio como fue el salvoconducto, tan necesario como el DNI, lo llevábamos encima.

Ahora, con el tema del agua, tengo la sensación que esas paranoias van a repetirse. Ya sé que en esta ocasión no hay mascarillas, hidroalcohol, que no alcohol, como he escrito, ni tampoco distancias de seguridad, pero sí me está pasando que, sabiendo lo del límite de gasto, me genera una cierta angustia. Frases como cuántos litros habré gastado lavando los platos, a ver si gasto poco en la ducha o aprovecharé tres o cuatro pipis antes de tirar de la cadena, aunque no sean de la misma naturaleza que en la época Covid, el peso que genera en mis pensamientos, es muy parecido.

He pensado también en la pregunta interna ¿cuántos litros se gastan en una lavadora? o ¿me quedará suficiente ropa limpia antes del diluvio universal?

Deberíamos dar gracias por la suerte que tenemos cuando, al abrir un grifo, sale agua. En otras latitudes del globo esa situación no se da ni por casualidad. ¿Cuánta gente tiene que recorrer decenas o tal vez un centenar de kilómetros para tener agua?

Creo que la restricción debería enseñarnos que todo es finito, incluso el agua que sale por la tubería. Estamos demasiado acostumbrados a tenerlo todo muy fácil.

Ya pasó con la fauna y la naturaleza en la época Covid. Los animales y las plantas fueron felices mientras nosotros no irrumpimos durante un tiempo. Espero que con la lección del agua pase lo mismo. Convencer a los humanos de que no son el centro del universo es una tarea harto complicada, pero creo que estos avisos deberían dejar una huella muy fuerte en las mentes de los que se otorgan el papel de humanos.

En mi caso, aprovecho cualquier apertura de grifo para recolocar el agua aquí o allá y sacarle la máxima utilidad. En solo cuatro días que lleva esta alarma activada, me he dado cuenta de que no apreciamos lo que tenemos, que el agua se puede acabar en cualquier momento y tal como dijo alguien alguna vez, con petróleo o wiski no se cultivan las patatas, no se le calma la sed al ganado y no te puedes lavar los dientes, entre otros miles de cosas que se hacen con agua que, evidentemente, no voy a enumerar.

No me quiero repetir, pero espero que como la otra vez, en esta ocasión también tengamos consciencia de lo que nos llevamos entre manos.

A la espera de una lluvia tan necesaria como el aire que respiramos, te dejo de dar la lata con mis pensamientos eco.

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