¿Preparado?

¿Estás seguro de estar preparado para esta semana que viene? ¿Te encuentras en forma para soportar un gran desgaste muscular? ¿Crees que podrás llevar el mismo ritmo que tus colegas? Estas preguntas y seguramente otras tantas, hace días que te las estás planteando, ya que llevas una semana con bronquitis.

¿Seguro que tus pulmones te acompañarán dado el esfuerzo que comporta tu deporte favorito?

Menos filosofar y más practicar. Como diría nuestro amigo Biel: «deja ya de dar la matraca y ya se verá qué pasa esta semana blanca que, si no acontece nada extraño, supuestamente empieza el próximo lunes. Todo se andará. No te preocupes por nada, pesadilla del demonio».

Con Biel, esta mañana, hemos coincidido en lo mismo mientras tomábamos el desayuno en la terraza. Hacía frío, pero eso no ha impedido que nos tomáramos las tostadas con mantequilla y mermelada de arándanos, un zumo de naranja recién exprimido y una buena taza de café Solei, el de toda la vida. El mismo que tomaban nuestros padres y que, por tradición, seguimos tomando nosotros.

Lucas parecía un esquimal. Ha salido con cuatro capas. Aunque la normativa de montaña aconseja llevar siempre tres, ha creído conveniente que una de más no le sobraría.

Toda esta semana se la ha pasado tosiendo como un jabalí. Nunca he sabido cómo tose un jabalí, pero por el tamaño me atrevo a pensar que muy fuerte, creo.

Aún no se ha preparado la maleta. No tiene prisa. Eso sí, poca ropa porque no quiere cargar peso como el año pasado. Esto «por si», esto otro «por si». ¿Por si qué? ¿Por si tienes que emigrar a otro país? ¿Para qué tanta ropa si después no te la pones?

Este año procurará no ir tan cargado. Tampoco tiene exceso de fuerza. Está un pelín débil. La tos de bronquitis lo ha dejado para el arrastre.

Se adelantó ayer, bien tapado, a la farmacia para recoger el pedido de L-Carnitina que encargó el día anterior. Es como un chute inmediato de energía en el torrente sanguíneo. Una especie de subidón para cuando te flaquean las pestañas. ¿Las pestañas?

Mientras lo observo con detenimiento (yo no iré a la nieve, no me gusta; tampoco lo he probado, pero esto de pasar frío no va conmigo), veo que divide la cama en cuatro áreas imaginarias.

Vayamos por partes. En ese lado pondré todo lo relacionado con el equipo de esquiar. En el otro, la ropa propiamente dicha; en este otro, medicamentos y cosas del neceser. Y justo aquí, el abrigo, la gorra, el pasamontañas y las botas. Libreta y rotulador, por si me da por escribir y… el libro. Que no me deje el libro. ¡Ostras!, se me olvidaba. El cargador del móvil. Creo que ya está todo…

En el coche van tres con sus respectivos equipajes. Así que no vale abusar. Lucas no es un acaparador de territorio. No le ha gustado nunca. Pero hay que vigilar con los «porsis».

Esta tarde hablará con Larry para saber si salen mañana o pasado. Todo dependerá de la tos, pero desde ayer, por suerte, ha dejado de parecerse al jabalí de la semana para estar más cerca de la tos de un hámster. Nunca he sabido cómo tose un hámster.

Anuncian sol toda la semana. Eso tiene, como todo, una parte buena y otra mala. La buena es que al menos no se notará tanto ese frío tan bestia que ha habido estos días y la mala porque no se preveen nevadas a la vista. Si nieva hace grueso; si hace grueso, no tendrán que preocuparse por las piedras.

No llueve a gusto de todos y en este caso, no nieva a gusto de todos. Hasta la vuelta, no me podrá explicar qué tal les fue la estancia para informarte de todos los detalles; de las aventuras y desventuras de Lucas, ese que ha estado toda la semana tosiendo como un jabalí y que ahora solo tose como un hámster.

Al final, un atisbo de lucidez, emergió de la cabeza de chorlito de Lucas y decidió abortar la salida. Por su mala cabeza ha preferido no llamar al mal tiempo, sacrificándose sin disfrutar de su semana blanca. Otro año será. Mejor prevenir que curar.

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