Perder tiempo

A veces te puedes permitir el lujo de perder tiempo, pero recuerda que no se acumula. No puedes guardarlo en una cajita de cartón y echar mano cada vez que lo necesites.

Se desliza como la arena de la playa entre los dedos.

Solo dispones del tiempo ahora. El de ayer ya pasó y el de mañana, por ahora no existe.

La máquina que hace hielo necesita agua para fabricar cubitos. Con el tiempo, aún no han inventado una máquina que lo fabrique.

Lucas se ha levantado un poco filosófico. Tiene ganas de escribir.

Sentado en la sala, frente a un café con leche y un croissant un poco duro, ha sacado del cajón la libreta que utiliza para anotar sus barbaridades, el Pilot azul y sus gafas ocupacionales. Mientras escucha a Eliane Elias, intenta poner en orden esas ideas absurdas que emanan a borbotones de su alocada cabeza.

Anota esas preguntas surrealistas sin respuesta aparente.

¿Responderán las muchachas punzantes?
¿Sacará algo en claro de la conversación con Rosa?
¿Le volverá a doler el tobillo por la noche?
¿Aguantará la nieve hasta el jueves?
¿Conocerá a la muchacha del vagón?
¿Se le curará la urticaria a su gatita?
¿Ganará la apuesta telefónica con su hermana?
¿Está seguro de lo que se llevaría a una isla desierta?

Para responder a esas preguntas necesitará tiempo; el que quería guardar en la cajita de cartón, ese que usa para los momentos de relax.

3 comentarios en “Perder tiempo”

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