Regalar tiempo (segunda parte)

Estabas saliendo con una chica y compraste un reloj. Si dejas de salir con ella, ¿deberías deshacerte del reloj? El tiempo ya no será el mismo. Ya no se contará igual.

Esa es la conclusión a la que llegó Lucas hace poco más de un mes y medio. Compró con una chica… Ups!!! Rectifico. Fue con una chica a comprarse un reloj. El objetivo principal de esta acción consistía en controlar el ritmo cardiaco sucinto a los breves ejercicios cuasi diarios que practicaba.

Para la realización de estos ejercicios sucintos, se colocaba su cinto, ya que se le empezaban a caer los calzones; calzones o pantalones cortos para hacer ejercicios mientras se contemplaba los cuádriceps.

Lucas es un poco presumido y le encanta mirarse. Al espejo no, por suerte. Se mira cuando tiene tiempo de hacerlo y más ahora que ya no hay una chica detrás recordándole que no deje de mirar ese reloj tan chulo que, aparte de todas las funciones que ofrecía, también daba la hora. Sí, sí. La hora. ¡Habráse visto un reloj que hace de todo, incluso darte la hora!

En fin, me encanta la expresión en fin. A reloj muerto, reloj puesto. Digo, a rey muerto, rey puesto. En el caso de este país, el refrán cambia. El final más adecuado de la frase sería «a rey impuesto», como la hora, que también nos la imponen dos veces al año, pero esto aquí no pega ni con cola.

Queridos ojos que leéis estas monsergas, dejad de consultar tanto el reloj y disfrutad más del paisaje, dejad de mirar tanto el móvil and look around you. Por cierto, ¿os habéis fijado que desde hace unos años, pero mucho más ahora, la peña no para de mirar el móvil?

¡¡¡Mami, qué será lo que tiene el móvil!!!

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