Otra perspectiva

Cada persona tiene su punto de vista particular ante una situación concreta. Seguramente, dos personas que se encontraran delante del mismo escenario, percibirían cosas distintas. Lo mismo pasa con las emociones.

Ante una situación amable, equilibrada, alegre, distendida, cariñosa, cada persona la ve, la interpreta, de diferentes maneras. Uno puede estar encantado con una sensación, un sentimiento que, supuestamente, está ahí delante, mientras que al otro ni siquiera se le ha pasado por la cabeza contemplarlo así.

Es posible que para la otra persona, los parámetros con los que se calibran las sensaciones, los sentimientos o las intuiciones, no estén en su código interno, invisible, que llevamos integrado en nuestro sistema de vigilancia emocional.

Es mucho más que probable que una misma acción entre dos personas, comporte una reacción absolutamente diferente. Lo que una persona ve o quiere interpretar como un acercamiento, para la otra persona es un movimiento natural sin mas. ¡O no!

Tal vez, en su código interno, falte esa línea de programación porque no ha tenido en cuenta que ese parámetro podría ocurrir. Tal vez deba reiniciar el programa para que se acepte esa nueva instrucción que permita valorar los diferentes escenarios que se presentan como nuevas perspectivas.

Tal vez, uno pretenda, sin querer, que las perspectivas coincidan, que los escenarios coincidan, que las sensaciones y las emociones coincidan. Pero es probable que sólo lo pretenda una de las personas. La otra, ni siquiera lo tenía previsto en su código interno, invisible, que está localizado en la placa de vigilancia emocional.

Otra perspectiva

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