Ola de calor

Seguro que te suena esta frase: —no recuerdo que el año pasado hiciese tanto calor como este. Y también esta otra: —la verdad, es que no tengo ni idea. No me acuerdo.

Cada año nos pasa lo mismo. Pensamos en el calor tan insoportable que pasamos por estas fechas y siempre pregonamos a los cuatro vientos (en este caso, no sopla ni de casualidad), que este año hace más calor que nunca.

Con mi hermana, hablamos muchas veces, de la calda que está haciendo y ella, en su infinita sabiduría, me responde: —pues no te acuerdas del calor que hacía el año pasado.

Mi respuesta, en la mayoría de las veces, es la misma: no tengo ni p… idea.

Aún así, ¡no me negaréis que no está haciendo un calor del demonio!

Este fin de semana he estado en casa de unos amigos en la Catalunya central, cerca de Manresa.

Aunque tienen una terraza estupenda con vistas a la montaña de Montserrat, tuvimos que comer dentro porque cabía la posibilidad de derretirse como lo hacen dos peces de hielo en un whisky on the rocks (frase de Sabina).

Para la cena, tuvimos más suerte. Pudimos disfrutar de la terraza y de los mosquitos.

Corría una mini brisa de aire que se agradeció como si se tratase de una botella con agua en el desierto del Gobi.

Vivo en el Maresme, a 10 minutos del mar, caminando.

¡Cómo se nota esa brisa marina! No me lo hubiera imaginado nunca.

Ayer, sobre las 12 p.m. cogí la moto y me fui para la Catalunya central.

Tomé la carretera de la costa hasta Mataró.

Un calor del demonio, pero soportable.

Llegué al túnel de Llobet (creo que se llama así) y en cuanto salí por el otro lado, flipé en siete colores.

¡Por dios!

Pensaba que me había metido con moto y todo en una sauna seca. El aire que se me colaba por la rejilla de la chaqueta era todo menos fresco.

Lo que duró el viaje (una hora más o menos), tuve la sensación de que estaba metido en una olla de caldo, a fuego lento, con un polar, gorro de lana y bufanda.

Espantoso.

En cuanto llegué a casa de mis amigos, aparte de todos los abrazos del mundo, lo siguiente que me ofrecieron fue una cervecita bien fría.

Se evaporó en cuatro minutos.

El fantástico encuentro que compartimos fue excelente. Como siempre.

Eso sí, el calor nos acompañó toda la tarde y parte de esta mañana.

Más abrazos; esta vez de despedida, hasta la próxima vez y de vuelta al Maresme.

Una vez pasado el túnel de Llobet, me ha invadido otra vez la brisa marina que he agradecido con pasión, rozando el éxtasis.

La propera trobada será en otoño. Espero.

Ola de calor

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