Oculto

Te apuntas por enésima vez a Tinder porque el ritmo de vida que llevas no te deja tiempo para conocer personas de forma presencial.

Nunca te han gustado los bares de copas o las discotecas.

La alternativa virtual es una opción que se ha disparado en los últimos años.

Seguramente, el público al que va dirigida esta app, comprende una franja de edad diferente a la tuya.

Dicen que todas estas apps tienen un target bastante marcado.

Aun así, pruebas. Total, el no ya lo tienes garantizado.

Te apuntas. Subes tus mejores fotos. Al principio te curras un texto que enganche. Después, en las otras centenares de veces que te has apuntado, el texto es tan largo como: —¿Un café, o prefieres una birra?

Izquierda, izquierda, izquierda, izquierda, izquierda…

Derecha.

Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda…

No seas tan exigente. Tampoco eres Robert Redford como para presumir.

Izquierda, derecha, derecha, derecha, izquierda…

Esperas.

Te han dado like. No te lo puedes creer.

—Seguro que ha sido la app, que dispara likes. Te cuestionas internamente.

—¡Hola! Te dice una humana muy mona. —¡Que tal!

Sin perder ni un segundo, respondes con tus mejores intenciones.

Silencio.

Silencio.

Silencio…

Y así hasta que un día, cuando menos te lo esperas, te responde.

—Perdona. Es que entro muy poco por aquí y justo ahora no tengo tiempo para nadie.

—Vaya. Piensas otra vez.

En fin, otra vez será.

Pruebas otra estrategia.

Derecha, derecha, derecha, izquierda, derecha…

Nada.

Silencio.

—Otro like. Ole, ole.

Esta vez hay contacto.

Quedáis.

Uno, dos, tres encuentros.

Por un tema personal, mientras negocias, te vuelves oculto en la app.

Después de la tercera vez, te paralizas. Hay algo que no te acaba de convencer.

Tiempo de descanso.

Mientras tanto, se activa otro like con quedada incluida.

Bien.

¿Seguro?

En un momento dado, se activan todas las alarmas.

No es lo que creías.

Frenazo de seguridad.

Retirada.

Retomas, por casualidad, el camino anterior.

Cuatro, cinco, seis encuentros.

Parece que esta vez promete.

Por respeto, vuelves a estar oculto.

Nunca se sabe.

Se abren nuevas negociaciones.

—¡Hay expectativas! Te vuelves a cuestionar.

La otra parte te comunica que no quiere comprometerse.

Habrá que respetarlo.

Planteas lo mismo.

Tendrá que respetarlo.

El tiempo decidirá si es viable no concentrar energías hacia un solo objetivo.

Momentos de reflexión.

Vuelves a estar oculto.

Oculto

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