¡No hay limpia!

El parque móvil de la empresa está 24 horas en funcionamiento.

Non stop.

Continuamente hay bajas.

Fallo en la esferulación del truje del ferodo de la palomilla del cárter.

En el sistema hidráulico o en los frenos.

Fallo de iluminación. La ventanilla que no baja. El giro faro no chuta.

Un sinfín de problemillas que se pueden solucionar, por suerte.

Solo es cuestión de tiempo de taller.

Pero, ¿qué pasa con el líquido del limpia parabrisas?

Nada tiene que ver con un fallo técnico.

¿Entonces, por qué no se recarga?

No lo sé.

Recuerdas que en tus épocas de autoescuela, te decían que la visibilidad es lo más importante.

La luna de delante está llena de polvo. Ves un poco borroso.

Decides echar agua para limpiar y… ¡alehop! El tanque está seco.

Durante tu ruta, vas a la caza de una fuente. Al menos, te sacará de un apuro.

Wow. Parece que no hay cristal. Está inmaculado.

¿Tan difícil es rellenar el depósito del limpia?

Parece que sí.

¡No hay limpia!

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