Mojarse los bigotes

¿Cuántas veces saca la lengua un gato, cuántas veces se relame los bigotes después de haber ingerido menos de quince granitos de pienso?

Con el agua es diferente. Para los gatos de Lucas, mojarse los bigotes en el agua debe ser un placer similar al que experimenta él mientras sus papilas gustativas disfrutan de un helado de fresas de la marca Häagen-Dazs.

Su gato puede estar bebiendo casi un minuto sin sacar el hocico del agua. ¿Respirará por las branquias como hacen los peces? En cambio, la gata, bebe menos que las ranas de mármol que plantan en los estanques públicos. Esas que echan un chorro de agua por la boca, pero que no ves que se la beban. ¡Claro… si son de mármol, poca agua tragarán! ¡Digo!

¿Te has fijado cómo deforman la lengua para beber? Si los miras de cerca y te fijas cómo la moldean, se parece a una cuchara y con la velocidad conque la meten y la sacan del pote, son capaces de beber grandes cantidades. De ahí, el minuto de su gato.

Por cierto, hablando de ranas, ¿sabes si también beben agua? Me tiene intrigado.

Un buen amigo de un colega de Lucas, montó una granja de ranas, hará unos veinte años. La instaló en una zona muy árida del Principado. Parece ser que por aquella época se registraron los meses más secos de su historia. Así que el amigo del colega de Lucas no tenía agua para dar a sus ranas y tuvo la brillante idea de ofrecerles Fanta de naranja.

Una semana después de la inauguración de la granja, tuvo que cerrarla por falta de personal. Vamos, por falta de ranas. Después de la ingesta de Fanta, se murieron todas de golpe. ¿Qué tendrá de malo esta bebida?

¿Cuál es el límite que están dispuestos a aguantar los gatos, estirados en la terraza, ante un sol de justicia de una tarde cualquiera de julio? Los de Lucas, poco. Primero, se plantan delante de la puerta de la terraza para que les abras. Una vez abierta, salen dos o tres minutos a lo sumo.

El gato entra antes. Es mayor. La gata es más atrevida. Entre diez y quince minutos contó Lucas hace dos días. En un rato, le toca crema hidratante otra vez. Se chamuscó un poquiño.

Para ser solidario con sus gatos, quiso hacer la misma prueba. Se estiró en el suelo, no sin antes rociarlo con agua helada. No quería quemarse la piel. Calculo que entre la preparación de riego, poner un pareo para no dejarse la piel, estirarse y volver a entrar en la sala, invirtió unos siete minutos tirando largo.

Ganó la gata. ¿Será por los pelos que hacen de aire acondicionado? Parece ser que los pelos de los gatos, aparte de servir como bolas de pelos que circulan por cualquier rincón de la casa, también hacen de aislante frente a los cambios de temperatura.

Si aplicamos a las ranas la teoría de los pelos aislantes, podemos deducir que murieron, no por ingerir Fanta de naranja, sino porque no tenían pelo. Si hubiesen sido gatos, probablemente seguirían con vida.

Lucas y Eva tienen una cita en el hospital. Parece ser que a Lucas le empezaron a crecer pelos en la zona del cuello. Desde hace unos meses no tiene tanto calor en el pescuezo ni en los bigotes.

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