Mil revoluciones

El mundo está demasiado revolucionado como para que se pare, reflexione y vuelva a ponerse en marcha. Tengo la sensación de que no hay vuelta atrás. Todo está crispado. Las cosas que hasta ahora creíamos tener controladas, se nos han escapado de las manos. Los mandatarios del mundo, como siempre, quieren seguir llevando el control de todo y de todos. Los demás: tu, él, nosotros, vosotros, ellos y yo, menos algunos, seguimos a la expectativa, a merced de las decisiones de diez, que son, los que en definitiva, aprietan el botón para que el mundo no deje de revolucionarse.

Se supone que a medida que el ser humano aprende, desarrolla su intelecto para discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Pero supongo demasiado. La historia no va por ahí.

Podemos crecer como seres humanos particulares, pero no nos dejarán crecer como seres humanos libres. De eso se encargan los que mandan a los diez mandatarios que también están bajo las órdenes de otros cuatro.

¿Quiénes se reparten el pastel de todo esto cuento? No lo sabremos nunca. Aunque mi pregunta, incluso, va más allá. ¿Nos importa mucho? ¿Sacamos algo de provecho pensando en esos cuatro?

Creo que la mejor postura, en mi humilde opinión, es seguir con nuestras revoluciones particulares, crecer por dentro. Intentar no crecer mucho por fuera y seguir disfrutando de las pequeñas cosas que vayan apareciendo en nuestro camino.

Lo demás seguirá siendo inalcanzable. Las revoluciones de los otros no las podremos frenar. Procuremos controlar las nuestras que bastante trabajo nos dan.

Mil revoluciones

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