La hora

Dicen que tenemos escrita la hora de nuestra partida en dos lugares muy curiosos de nuestro cuerpo. Uno de ellos es en la nuca, pero por la parte interior, lo que significa que no podemos leerla y el otro sitio está en la planta del pie, curiosamente también por la parte interna.

Así que no hay forma de saber cuándo uno partirá a otra dimensión.

Esta pregunta tan relamida como: «¿hay vida después de la muerte?», la quitaría de los libros de texto para cambiarla por esta otra frase: «hay vida antes de la muerte».

Así que aprovechemos el tiempo para vivir antes y no después. Que ya está comprobado que después no tendremos tiempo.

En pocos días he recibido, de la misma fuente, dos noticias terribles. Una de ellas, de una persona que, sin haber intimado prácticamente, con su sabiduría técnica, me iluminó el camino. Una persona que se ha ido demasiado deprisa. Una persona que ahora ya forma parte de la luz. Luz con la que iluminará el camino de otros.

La otra noticia, terrible también, cercana pero no conocida, le ocurrió a un muchacho joven, muy joven. Mucho más que el primero.

El accidente pasó muy cerca del pueblo en el que vivo. De hecho, en el que está tan solo a cuatro kilómetros. ¿Por qué pasan estas cosas? No tengo ni idea.

¿Cómo sabe uno que es su hora? ¿Cómo sabe que ha llegado al final de su ruta? ¿Existe alguna señal, algún indicativo que te avise de que faltan tres paradas para llegar a tu destino? ¿dos? ¿O tan solo una más?

Siempre estamos buscando respuestas a preguntas que no tienen una solución aparente.

No sé si la mejor postura es no preocuparse o hacerlo lo más discretamente posible, ya que cuando esa hora llega, ya puedes estar vestido de gala, con tus mejores tejanos, despierto o dormido, de pie o sentado, circulando o mirando el televisor, leyendo tu libro favorito o subiendo una escalera…

Da igual lo que estés haciendo.

El silbato sonará y tú no te habrás enterado… ¡O, tal vez sí!

La hora

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