La cadena del columpio

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Ayer, mientras caminaba por la montaña, inmerso en mis pensamientos, pasé cerca de una vieja casa. Me llamó la atención el columpio que estaba en una esquina del jardín. Cuatro ganchos colgaban de la barra pero solo había un columpio. Me vino a la mente esa sensación de falta de algo, como de abandono. Me recordó las películas de miedo o suspense, en las que el protagonista es el columpio que se mueve justo cuando no lo miras.

Me quedé parado unos minutos y seguí mi paseo.

Es curioso cómo funciona la mente. Creamos nuestras fantasías en un momento. Ya sean buenas o malas. Cercanas a la ficción o sobre historias reales.

Pasado mañana tengo un evento. Ya me he imaginado un montón de cosas. Pero todas están en la fábrica de ideas.

A menudo, cuando voy a caminar, (que es mi momento Zen), procuro no pensar mucho pero, en verdad, es cuando más pienso. Cada dos por tres saco la grabadora del bolsillo y anoto cualquier idea que me viene. Una vez de vuelta a casa, con este apunte de audio, escribo o una sosada o un relato interesante. Muchos acaban en la papelera.

Volviendo al columpio me he acordado de cuando era pequeño. Con la pandilla jugábamos a ver quién saltaba más lejos con el impulso. Más de uno se escalabró. Entre ellos, el que escribe.

La cadena del columpio

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