Incongruencia humana

Somos incongruentes por defecto.

Leía el otro día que los humanos son los únicos que talan árboles a mansalva para hacer papel y después con este imprimir folletos en los que pone: Salvemos a los árboles.

¿No te parece una incongruencia? A mí, sí, y de las gordas.

Buscamos agua en Marte y, sin embargo, dejamos que millones de personas aquí, en nuestra Tierra, se mueran de sed.

Anuncios como Vive en la naturaleza, rodeado de paz, a tan solo veinte minutos de la gran ciudad… me resulta bastante extraño. Si estás tan cerca de la ciudad, mucha naturaleza no creo que te envuelva. Además, toda la gente que piensa como tú y que, en un momento de su vida, decide trasladarse a esa naturaleza, seguro que colapsará el entorno con sus desperdicios, sus desagües, sus combustiones, sus idas y venidas en flamantes vehículos que, solo por el hecho de vivir en la naturaleza, necesitarán más de uno para moverse. Así que esa naturaleza en breve será mancillada.

Me gusta chafardear por ahí y seguir, a una distancia prudencial, los avances tecnológicos. Dicen que para fabricar la batería de un vehículo eléctrico se necesita muchísima más energía y componentes que para hacer la batería del vehículo tradicional. Incongruente, ¿no crees?

Imágenes aterradoras que te muestran cómo viven hacinadas miles de personas que trabajan en las minas de Coltán para que otros humanos incongruentes farden con su smartphone último modelo, ese que vive en plena naturaleza, a veinte minutos de la gran ciudad.

Yo tampoco me salvo.

Estamos viviendo dentro de una constante incongruencia. Los que van de ecologistas se trasladan en vehículos de combustión. Muchos de esos humanos fuman, lo que significa que no cuidan ni respetan su propio ecosistema, su propio cuerpo.

Diría que hay centenares de incongruencias que nos acompañan todos los días. Situaciones surrealistas que podrían aparecer perfectamente en un cuento de Lovecraft y no dar la nota.

Esperar a que llegue el fin de semana para hacer caravana y meterte en una gran superficie llena de tiendas, en vez de disfrutar con la familia en el campo; aunque, bien mirado, si se van al campo, igual a la vuelta, lo dejan peor de lo que estaba. Casi que se vayan a la gran superficie llena de tiendas.

Comprar, comprar, comprar. Eso sí que es incongruente. ¡Para qué tener tantas cosas si no dispones de tiempo para disfrutarlas! Dos o tres vehículos, dos viviendas, tres o cuatro televisores en una casa… Listados interminables de cosas innecesarias que tenemos porque el otro también lo tiene o porque somos coleccionistas de todo aquello que en verdad no necesitamos.

Desafortunadamente, tampoco me escapo del grupo de los compradores.

¿Para qué tener tres cosas de lo mismo, pudiendo tener una sola y cuando se acabe, se rompa o se deteriore, entonces y solo entonces, valorar sustituirla y no tener tres por si acaso? No sea que cuando vayas a echar mano de eso resulte que ha desaparecido del armario donde lo habías guardado…

Incongruencia es ir a disfrutar de un viaje de aventura, sin cobertura móvil, a un paraje perdido, pero necesites estar rodeado de los mismos gadgets que tienes en tu vida cotidiana.

Estamos escasos de agua. La necesitamos para que florezca la vida, para no morir de sed y, sin embargo, cuando llueve nos cabreamos porque no podemos hacer esto o aquello. Otra incongruencia.

Voy a ser incongruente una vez más. Hoy tampoco saldré con la bici. Tengo hambre y estoy cansado. Quizás mañana. Buscaré otro momento para salir o tal vez encuentre otra excusa.

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