Improvisar

Teniendo en cuenta que no planifico nada con antelación, hoy sábado me había planteado trabajar un rato por la mañana. Comidita. Un poco de siesta y otro rato de curro por la tarde.

Seguramente, a la noche, caerá alguna peli de Amazon Prime.

Mientras me tomaba el café de la mañana, ha sonado el teléfono. Era mi amigo Roberto. Hacía bastante que no contactábamos.

—¿Tienes plan para hoy? Me ha preguntado.
—En principio, no. Tenía pensado hacer algunas cosillas, pero lo puedo dejar para más tarde. ¿Por qué?

Sobre las 13 h me ha pasado a recoger.

Hacía bastante que no nos veíamos.

De vez en cuando, quedamos para ponernos al día.

Aperitivo doble. Comida. Sobremesa. Chupitos y café.

Para acabar con una tarde redonda, solo quedaba por fumarnos un puro. Suerte que ninguno de los dos fuma.

Charlas interminables con un punto surrealista, como mandan nuestros encuentros.

Nuestra amistad se remonta hasta los años setenta.

No siempre hemos estado en contacto, aunque eso no importa.

Hoy ha sido uno de esos días en los que, en vez de hacer lo de siempre, hemos cambiado el hilo de nuestras pequeñas historias de vida para compartir anécdotas, risas, problemas y batallitas.

Hoy sábado, hemos compartido un trozo de nosotros, sin importarnos, durante unas horas, el resto de la ajetreada locura de vida.

Espero que no tardemos en volver a contactar.

Las risas están aseguradas.

Improvisar

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