El guardián entre el centeno… Perdón, el guardián del excusado

Salió a dar un paseo hacia mediodía y como no tenía ningún plan, improvisó sobre la marcha. Es lo que tiene estar de vacaciones. No hace falta organizar nada.

Lucas pensó que, por la hora que marcaba el reloj, le entraría perfectamente un aperitivo antes de comer.

Las olivas estaban a su gusto. Un punto picantes, pero no escandalosamente. Vermut negro, con hielo y una rodaja de naranja. Anchoas, boquerones abiertos en canal y un cuenco con un puñado de patatas chips.

Mateo le recordó que en el precio entraban dos vermuts, pero Lucas le insinuó que con uno tenía suficiente. No quería desvariar, como de costumbre.

Una señora con los morros operados preguntaba en la barra de qué constaba el menú. Mateo, muy amablemente, le recitó los platos que hoy, domingo, tenían previstos.

Lucas, desde su posición vermutera en barra, aguzó el oído y pensó para sus adentros que sería una buena opción quedarse a comer allí, en casa de sus colegas. Aparte de sus gatos, no le esperaba nadie en casa.

—Con el viento que hace, me quedaré en aquella mesa del fondo, si te va bien. —Le señaló a Mateo—.
—Me parece bien. —Respondió moviendo la cabeza—.

La mesa del fondo está justo enfrente de los excusados. En la izquierda, el de hombres. En la derecha, el de mujeres. Solo le separaba de las puertas, una cortina de rulos y poco más.

Desde su posición ingéstica de domingo, podía observar en silencio a los humanos que entraban y salían de los baños. No hacía falta enfocar mucho ya que pasaban a menos de un metro y medio de su mesa.

Simón le aconsejó que se sentara al revés, dándole la espalda a los baños, pero Lucas le respondió que en esa posición podía ver e imaginar a la vez, historias inverosímiles del humano que frecuentaba el baño. El que deja la luz abierta, el que no cierra la puerta, el que deja la luz y la puerta abierta, el que entra y después abre la luz, el que lo hace al revés, el que se sube los pantalones antes de entrar, el que se los arregla después de usarlo, el que se sube las gafas después de lavarse las manos, el que no baja la tapa del inodoro (este es un clásico), etc.

Acciones había unas cuantas. Lucas se entretiene con cualquier cosa. La cuestión es acertar con el tema que le interesa y de allí saca sus propias historias.

Da lo mismo que sea el baño de un establecimiento público, una cabina de teléfonos o una escalera mecánica; la cuestión es fijarse en algún detalle y la redacción estará asegurada.

—Perdona, ¿te importaría cerrar la luz? Gracias.
—¿Trabajas aquí? —le preguntó un tipo que se quedó embobado con la fotografía de la puesta de sol—.
—No, pero soy el guardián del excusado. —Le respondió tan tranquilamente Lucas—.

En un momento en el que Mateo estaba un poco relajado (en ese bistró se trabaja constantemente), Lucas le comentó lo del guardián del excusado y Mateo soltó unas risitas.

—Eres la pera, —le dijo Mateo—.
—Pues espera al relato de la tarde, —le respondió Lucas.

 

1 comentario en “El guardián entre el centeno… Perdón, el guardián del excusado”

  1. Montserrat Aluart

    Le podría sugerir a Lucas que, al tener la mesa cerca del excusado, pusiera un plato con algunas monedas, en principio de su bolsillo.
    Después, quien sabe, igual se le multiplican. Los guardianes de los excusados de otras latitudes, cobran.

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