Este martes, otra vez

El martes de esta semana, otra vez he empezado en Mataró. Currando con los compis de Fomento. El mismo horario, pero diferente servicio.

Entre octubre del 2019 y marzo del 2020 estuve destinado a la limpieza de contenedores. Karcher, cubo con agua y un producto desinfectante y desencrustante, y mucha paciencia hacia los vecinos que, a altas horas de la noche, se me quejaban por el ruido que producía el motor de la Hidro.

En esta ocasión, sustituciones de verano, en el servicio de barredora. Conductor, soplador y escombriaire, pateando otra vez las calles de Mataró.

¡¡¡Ah!!! Me han dicho que no hace falta que me apunte al gimnasio. De hecho, tampoco estoy en ninguno. El ejercicio está garantizado. Unos veinte kilómetros diarios a pata…

Tengo una duda, si diario habla de día, ¿por la noche cómo se dice?

Subidas. Más que subidas: cuestas que cuestan. Llaneos y polvo, mucho polvo.

No da tiempo a tomar un respiro y cuando respiras, lo único que entra, aparte de oxígeno es mucho polvo.

La imagen que me viene, de repente, es como una cabalgata de los reyes magos. Detrás va el carruaje y delante los pajes que, en vez de repartir caramelos, se dedican a extenderlos y preparar el terreno por delante del carruaje.

Si mirases por un agujerito, desde la parte anterior del vehículo podrías ver, como me pasó la otra noche, que justo debajo de los parachoques, muy cerca de los cepillos que tienen dos funciones, cepillar y enviar hacia la aspiradora, hay tres o cuatro duendes que están pendientes de toda la broza que encuentran a su paso.

El duende de más a la izquierda, justo el que está a lado del cepillo de la izquierda, como no, exactamente igual que el duende que está en la derecha, al otro extremo de la barredora, están muy pendientes de que no se cuele un palo, un listón o algo que entorpezca el buen funcionamiento de la succión.

Los otros dos duendes, los que están en medio, tienen la suerte de estar más relajados, por si acaso se despistan los extremistas.

Me atrevería a decir que el papel de estos dos duendes es prácticamente prescindible, pero si están seguro que es por una buena causa.

De los dos pajes que van delante del carruaje, el que lleva la escoba y que no es una bruja, sino un paje escombril, aún está un poco verde en la forma de proceder. No se ha sincronizado con el soplador que va, por lo general, adelantado como si fuese el indio rastreador, en busca de las pistas que han dejado los que, en las películas, acostumbraban a ser otros indios.

¡Qué cosas tienen las pelis de indios con indios rastreadores!

El soplador, sopla. El barredor, barre y el conductor, conduce. Depende. El que me ha tocado hoy, incluso me animaba, con muy buenas palabras.

Este martes, otra vez

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