Escape-room

Probablemente, más de uno, hemos disfrutado en algún momento con amigos, familia e incluso desconocidos, esos juegos que se pusieron de moda allá por el 2006, que consistía en salir de una habitación, una casa o una sala, en un tiempo X, sólo con la ayuda de unas pistas encadenadas que, previamente, debías encontrar, ya que no estaban a la vista.

Si hubiese ido yo solo, aún estaría allí, encerrado, deprimido, alicaido.

Suerte que el equipo estaba formado por especialistas en escapismo, que sino, no sé qué hubiera pasado.

Este tipo de juegos de pensar o relacionar conceptos, no van mucho conmigo. Me cuesta encontrar la lógica para resolver problemas como los de números secuenciales, esos que faltan para seguir un orden, o los famosos jeroglíficos que son, básicamente, las pistas que van apareciendo por aquí y por allá.

Tengo más capacidad para localizar en seguida, las sopas de letras o los laberintos.

Los especialistas en escape-room eran Hubert y su hermano Ángel. Los demás estábamos a las órdenes de los profesionales.

Ese, fue un día especial.

Conocimos a Hubert. Sabíamos que existía pero no habíamos tenido la oportunidad de coincidir con él.

También estaba Javier, el otro. Digo el otro porque yo también soy Javier o Xavier o Xevi, como me llaman últimamente en el curro de noche.

Os presento a los protagonistas, de izquierda a derecha: Hubert, Javier, Ángel, Anna, Olga y yo (el torcido).

No recuerdo si salimos a la hora establecida, lo que sí recuerdo es que lo pasamos muy bien. Después, nos fuimos a celebrarlo como unos campeones.

No se trataba de salir; se trataba de pasarlo lo mejor posible y así fue.

Un día fantástico, rodeado de gente fantástica.

Quizás algún día, podríamos repetirlo. Aunque esa próxima vez faltará una pieza fundamental del equipo, lo llevaremos siempre en nuestros corazones.

Millones de besos para todos.

Escape-room

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