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El único punto en común que tienen el cuerpo eclesiástico con el cuerpo de bomberos es una expresión. Los dos dicen «santo dios…». Los primeros se lo pueden permitir sin preocuparse lo más mínimo porque es su jefe y los segundos, utilizan esta exclamación cuando se horrorizan por el resultado devastador del fuego. Ese demonio al que podrían derrotar con facilidad si no fuese por la falta de medios económicos que no disponen. En contra de los dineros que sí disponen los primeros.

Los primeros parece ser que cuentan con la escandalosa cantidad de once mil millones de euros (11.000.000.000 €). Los segundos ni en broma. En caso de tener esa partida en su haber, sería el mejor cuerpo del mundo. El más equipado. El más dotado.

Por lo visto, parece ser que el gobierno actual y los anteriores, prefieren tener luz verde para alcanzar la gloria eterna que una buena sombra en la que cobijarse con estas altísimas olas de calor. Si no hay árboles, no hay sombra. Así de fácil.

Los primeros tienen la seguridad de que pueden pagar, tranquilamente, la factura del aire acondicionado. Los segundos, en cambio, han de «fer mans i mànigues» para conseguir un buen material y no morir en el intento.

Si seguimos así, ni los rezos, ni las plegarias, nos devolverán las miles de hectáreas que cada año desaparecen de nuestra vista. Eso sí, reza dos padrenuestros y un diostesalve, y conseguirás el reino, si es que queda algo de él. Pero de árboles y vegetación, ya podéis olvidaros.

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