En el mismo día

En general, los humanos que trabajan en cosas normales y en horarios normales, se levantan por la mañana, ponen los pies en el suelo, se toman un lingotazo de café o té, se duchan, se peinan y se van a currar.

Vale. De acuerdo. Los calvos no se peinan.

La mayoría de los que curran, pueden tener horario intensivo o partido.

Los que lo tienen intensivo, no tienen por qué ser funcionarios. También hay operarios en fábrica que trabajan por turnos. Otros tantos tienen el horario partido. De mañana o tarde y algunos, los viernes, cuando son las 15 h se piran.

Hay otros humanos que trabajan en el turno de noche. Personal médico, bomberos, la pasma, los serenos de toda la vida que ya no sé si están operativos, los que recogen la basura, los que trabajan en el mundo del sexo, los repartidores de los periódicos, esos que dejan el paquetorro delante del kiosko, etc.

En mi caso concreto, trabajo en un horario que, si te lo piensas detenidamente, te das cuenta que en el mismo día, sales y entras del curro.

Es una sensación bastante surrealista. Salgo a las 3:17 a.m. y vuelvo a estar en el trabajo a las 9 p.m. Me da esa sensación de que no te has ido en verdad.

No es nada por lo que debamos preocuparnos, pero de alguna forma, es curioso.

La gente que opera en horarios de día o tarde, esa sensación no la pueden percibir. Cuando salen del trabajo repiten la típica frase de «hasta mañana».

En el trabajo que estoy desarrollando durante el mes de agosto, cuando salimos a las 3:17 a.m. no solemos decir: hasta mañana. Existen dos frases muy comunes: «hasta la noche» o «hasta luego».

Y la más archi-famosa es: —ya estamos por aquí otra vez. Y la coletilla: —y que dure…

Evidentemente no es una crítica y mucho menos una queja. Es simplemente un pensamiento que me asalta cada vez que llego al trabajo. Me digo: —ya estamos por aquí otra vez.

Y que dure.

En el mismo día

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