En bici y fumando

Conozco personas que mientras trabajan, fuman. Mientras están escribiendo un relato, fuman. Algunas, las más preparadas, mientras ascienden por una montaña, fuman. Cuando suben y descansan en el telesilla, fuman. Mientras esperan el autobús, fuman. Después de f… fuman. Incluso antes.

Lo que no había visto hasta ahora era a un ciclista que, mientras pedalea y se esfuerza, fume. O es dios y no me había dado cuenta, o es un superman y necesita tabaco para tirar.

Me lo he cruzado este mediodía cuando me dirigía al garaje a dejar unos bártulos.

Me ha asombrado su capacidad pulmonar.

He pensado: —hosti tú… Yo, de mayor quiero tener esos pulmones.

En verdad, no quiero ser como él. En bici y fumando. Qué locura.

No he fumado nunca. Vale, sí. Solo dos veces en toda mi vida. Y en las dos ocasiones, no iba en bici.

En una estaba de pie, fumándome un puro que sobró de una boda y en la otra ocasión, sentado.

En esas dos únicas veces que he fumado, me sentí fatal. Mareado. Me faltaba el aire. Llegué a tener hasta dolor de estómago.

Solo de pensar que tengo los pulmones llenos de humo, subido en una bici, me dan escalofríos. Ni siquiera en una bici estática.

Qué valor el del tipo de hoy o quizás, para ser más exacto, qué locura.

He visto humanos fumando mientras conducen una moto o scooter. Con casco integral o Jet. Metiéndose el cigarrillo por el pequeño espacio que queda libre entre la barbilla y la boca, en caso del integral o directamente en la boca, en caso del Jet y protegido por la pantalla, ¿pero en bici?

Igual se me ha pasado por alto el que un humano ciclista fume mientras pedalea.

Mañana, día de tots sants, me fijaré con más detenimiento si alguno de los ciclistas con los que me cruce fuma. Podría ser de lo más normal del mundo.

Y yo, como siempre, en la parra.

En bici y fumando

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