Después de la grúa apetece un bocadillo de queso manchego y una cerveza

Hace unos meses le regalaron a Lucas un coche. No era nuevo, pero para él es importante. Lo usaba su querida sobrina. Ahora la muy… usa el que le regaló su padre.

No tendría que remojarse como un pollo cuando cayeran chuzos de punta. De todas maneras, siempre que lo permite el clima, procura ir en moto al trabajo. Así optimiza el tiempo porque al volver a casa de madrugada, lo último que le apetece es dar vueltas y vueltas para aparcarlo y más desde que a algún iluminado se le ocurrió poner vallas con llave en un aparcamiento muy amplio que hay cerca de su casa.

Una previa. El primer día que adquirió el vehículo, le informaron de algunas cosillas. El coche es de 1998 y aunque vaya de perillas, seguramente, le saldrán pitos o flautas. En su agenda de apuntar extrañezas anotó 328.624 km Así que el coche ha vivido unas cuantas guerras.

Hace una semana, cuando tenía que meter alguna marcha, le costaba un poco. Enseguida pensó en aplicar un poco de vaselina, pero no lo creyó oportuno. Su madre lo arreglaba todo con vaselina. Que no entra bien, vaselina; que se atasca un poco, vaselina; que le chirrían los dientes, vaselina, etc.

Para que los vehículos no se queden tirados por culpa de la batería, cada semana utiliza los dos medios de transporte. Con la moto no hay problemas de aparcamiento. Tiene una plaza cerca de casa. ¡Cachis!, y con el coche ¿qué hacemos? Pues dar vueltas y vueltas.

El sábado entra a trabajar más tarde y creyó oportuno irse en el Ibiza. Sorpresa. La batería perfecta. A la primera; pero ¿qué pasaba con la marcha atrás? No es lo que parece; no es lo que te imaginas; estoy hablando de la marcha atrás para echar atrás el vehículo. ¡Coño! Qué pensamiento más sucio que tienes. Hay que ir midiendo las palabras. Pues eso: sorpresa. No funcionaba nada, ni marcha atrás, ni primera ni nada.

Ya me imagino a Lucas sudando como un gallináceo, corriendo para casa, cambiarse de atuendo para irse al trabajo en moto. Suerte de ella.

El coche se quedó tirado en la calle hasta esta mañana. Llamó a la grúa y se lo han llevado al taller. No sé nada más. Espero el «susto, trato o muerte».

Para ahogar las penas, ha pensado que un buen desayuno reanima hasta un muerto. Bocadillo de queso en pan de chapata con tomate y una cervecita para bajarlo todo por el gaznate.

Ya que estaba en la calle y aprovechando que no hacía tanto calor como una hora antes, bajó al pueblo para comprar cuatro chismes que le faltaban.

Vuelta a casa, encendida de ordenador, recogida de los chismes y a enviarme la información vía Telegram (qué le voy a hacer al muchacho…) para que lo redactara en el blog que compartimos.

Ahora toca esperar al susto, trato o muerte del taller de coches.

Nada más por el momento.

1 comentario en “Después de la grúa apetece un bocadillo de queso manchego y una cerveza”

  1. Pues entre trato o muerte, a mi me tocó muerte del coche justo después de pagar al taller una revisión para pasar la ITV, cambiar y poner 4 ruedas nuevas y pasar y pagar la ITV. Me cag……….!!!!
    Por cierto, yo en lugar de madre que ponía vaselina a todo, tenía cuñado que pone cinta americana a todoooooo!

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