El abuelo Juan

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Tantos años trabajando, entre redes y cabos, en la cubierta del pequeño pesquero «La Lola» que salía todas las noches, sin excepción, a las 21:30 h del puerto de Arenys, fueron los culpables de esas marcas que se acumularon en la frente del abuelo Juan.

La cabina de «La Lola» de doce metros de eslora, sólo tenía espacio para un hombre. Cada dos horas, Juan, Gustavo y Lucas, se turnaban la vigilancia. Uno en la proa, el otro en las redes y el tercero en la cabina.

La jornada de trabajo tenía un recorrido corto pero no menos duro. Los tres hombres salían a faenar todas las noches, hiciera calma chicha o con una tormenta del demonio.

El abuelo Juan, Gustavo y Lucas, se conocían desde críos. Les gustaba jugar entre los barcos de pesca que descansaban frente a la playa larga. Imaginaban que eran grandes marineros viviendo extraordinarias aventuras. Cuando podían y aprovechando que nadie vigilaba, nadaban hasta las cubiertas de los barcos de otros que, como ellos, también soñaron de críos con los regalos que les ofrecía el mar.

Las minúsculas gotas de agua que golpeaban, noche tras noche, la vieja cabina, a la que solo le quedaba el cristal de delante, aceleraron la jubilación de Juan que, con sus 64 años a cuestas, ya no podía aguantar la jornada entera.

Los cinco años de diferencia que se llevan Gustavo y Lucas con Juan, les sirvió para seguir faenando unos años más. Como si lo hubiese hecho a posta, dos años después, el mismo día que Gustavo y Lucas decidieron dejarlo, «La Lola» también se jubiló. Era un barco de segunda mano, con bastantes batallas, que los tres amigos habían comprado en una subasta del puerto de Mataró, cuarenta años atrás.

Juan, que ahora vive alejado del mar, baja dos veces por semana, dando un paseo hasta el Ateneo de Arenys, para jugar al dominó con sus amigos y compañeros de cubierta. Ahora tienen tiempo para reirse, tomar unos vinos y recordar viejas historias de marineros (las suyas).

Cuarenta años deslomándose juntos son suficientes como para haber creado una unión de hermandad difícil de romper.

El abuelo Juan

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