Diálogos íntimos (II)

En una ocasión, comenté que circular en moto con lluvia, me hace una cosilla como un rissss, más allá del coxis, en esa zona oscura y a la sombra, de culo nombre no quiero acordarme.

Todo mi cuerpo se tensa de forma automática cuando el asfalto está mojado.

Mi cuñado, que es un experto piloto, siempre me dice que las limitaciones las pone nuestro cerebro.

Vale. De acuerdo. Lo cerebro, pero el suelo sigue mojado. ¡¡¡Así que, qué!!!

El hecho de no disponer de coche o lata, hace que sí o sí, tenga que ir en moto a todas partes.

Una vez, una señora muy simpática, me dijo que pongo antes la tirita que la herida.

Estoy en ello, ¡vale!

También he comentado que trabajo de noche, en medio ambiente, a veinte minutos de casa.

A una hora prudente me subo a la moto y tiro para el currele.

Ayer, casualmente, no tenía que llover, según la info que consulté, pero llovió casi todo el día.

A las 19 h suena la alarma. He de equiparme con el traje de buzo.

Me voy al garaje.

En veinte minutos, me planto en la Planta.

Llovía poco, pero llovía. Despacito y buena letra.

Las noches se me pasan bastante rápidas. ¿Será la novedad del nuevo servicio?

Son las 02:00 a.m. Hora de recoger bártulos y ponerme el traje de buzo.

Llueve. Es una catástrofe.

Me subo a la moto y me dispongo a tocar el dos.

—Ha dejado de llover. ¡¡¡Wala!!! (digo).

Aún me duele el pulgar derecho, de la última hostia de esquí. Tengo para tiempo.

Así que es mejor ir por la autopista, ya que usar la junta o unión entre el pulgar y el índice me toca bastante la pera, por no decir los huevos.

Se me ha hecho tarde. Tenía cosas que despachar con el jefe. Al final salgo a las 03:30 a.m. Puta locura.

Cuando llevo un rato circulando, veo a través del faro, como cae agua. De arriba, claro. Acostumbra a llover de arriba abajo.

—¿Te has fijado que ibas a más de 100 km/h?
—Sí. Sé perfectamente qué me vas a decir.
—Entonces, ¿quieres contestarme por qué vas tan rápido si está lloviendo?
—No me había fijado. De verdad.
—Entonces, ¿por qué me das siempre el coñazo cuando llueve? Que si te agarrotas y no sé qué cuentos más…

Este diálogo interno conmigo, lo tuve ayer mientras circulaba por la autopista, sin darme cuenta de que estaba lloviendo.

—Entonces, ¿tienes algo que decirme?
—Eres bastante pesado, ¿no? Con una vez que me lo digas, tengo bastante.
—Pues parece que no te entra en la mollera. Está lloviendo y tú, a toda pastilla por la carretera mojada.
—¿A ver si sabes qué quiere decir esto?
—Pues que lo del culo apretado es un tema mental.
—Cierto. ¿Y qué vas a hacer al respecto?
—Hostia. No me agobies tío. Déjame que lo procese.
—Ya, pero ayer no tenías ningún apretón allí abajo, vamos, en el culo.

Hoy llueve otra vez. Ya lo dicen: en abril, aguas mil. Además, en semana santa, siempre da por el saco el agua. A los humanos, claro. Las plantas y animalicos ni se lo cuestionan.

A las 19 h, me vestiré de buzo, iré a buscar la moto y tira millas.

La única gaita es la visera. Se moja.

Diálogos íntimos (II)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Scroll hacia arriba