Maneras de despertarse

Debe haber tantas como personas hay en este mundo. Seguro que algún iluminado de esos que hacen estudios de todo tipo, habrá hecho uno sobre las maneras de despertarse de los humanos. No me encuentro en ese grupo. De hecho, no me encuentro en este momento en ningún sitio, pero muchas veces, cuando me despierto por la mañana, aterrizan a mi cabeza pensamientos como este: ¿de qué manera se despiertan los vecinos de mi escalera, los CSI de las películas o las chicas Playboy de las revistas?

En el primer caso, con legañas, mala gaita, despeinados, con la raya de la sábana marcada en la cara, en la tripa o en la espalda. En el segundo caso, ellas perfectamente maquilladas, sin que se les haya corrido el rimel, como recién salidas de la peluquería, con las camisas de sus acompañantes o camisolas planchadas al vapor. Ellos, sin marca alguna en la cara o en el resto de sus musculosos cuerpos. Con un café recién hecho que sacan de debajo del edredón, en esas tazas tan chulas, que no queman y que humean de una forma espontánea, ya que no viste cómo hicieron el café.

Ahora no hablaré de Erika, una chica Playboy que conocí hace tiempo. Eso lo trataré en un próximo escrito, en horario adulto. No quiero daros celitos. Hoy no toca. Si acaso, en un relato para mayores de veinticinco años.

Los vecinos de mi escalera, por lo que he podido comprobar, tienen diferentes horarios para poner los pies en el suelo. Algunos de ellos lo hacen cuando llego a casa. Otros coinciden conmigo a la hora de levantarse. Los hay que, en cuanto se ponen en pie, ya empiezan a tocar los cojones con la música a todo trapo, lanzando utensilios ruidosos al suelo, hablando en voz más que alta, abriendo o cerrando puertas como si las bisagras estuvieran hechas a prueba de bombas, etc.

Los CSI parece que no duermen. Siempre están descubriendo quién mató a quién y cómo lo hizo si, casualmente, detuvieron al presunto homicida en la alcoba del tercer piso y el finado se encontraba en la azotea, detrás de los motores del aire acondicionado. La cuestión es que cuando tienen la oportunidad de dormir, lo hacen con los ojos cerrados como casi todos.

En todos estos casos, todos son humanos como yo. Me despierto a las 8:45 e intento abrir un ojo a la vez. Cuando los tres están operativos decido poner los pies en el suelo. ¡Uy, ay! Se desentumecen los huesos; camino hacia el baño para miccionar otra vez; me miro en el espejo del pasillo para ver si el que deambula por la casa es el mismo de ayer. Parece ser que sí. Me miro en el espejo del baño, ese que aumenta. ¡Por diooosss! Cierto, soy yo. —Venga, que tú puedes. Te dices en tono de confesión para no molestar a los vecinos. Y tanto que puedes. Otro día más a la columna del haber. ¡A ver qué pones en la columna del debe!

Abres el ordenata. Localizas el Spotify y seleccionas alguna música que te active el alma. El volumen a media asta para no molestar. Te pones los auriculares como los del lunes y ala, a escuchar como un poseso. Ya lo tienes todo en marcha. Ahora toca hacerse un café de medio litro, con dos gotas de leche, no vaya a ser que el café se tiña de blanco. Vinculas todo lo vinculable. Esperas a que el café teñido haga su efecto y ese tercer ojo te haga un guiño. Los siguientes pasos no los especificaré aquí. Los obviaré.

Maneras de despertarse hay un montón, tantas como humanos estén cerca o lejos de mi cabeza. ¿De qué manera se despiertan los cíclopes, Superman o los gnomos?

1 comentario en “Maneras de despertarse”

  1. Aurora Anguera

    Yo me despierto con el primer sonido de la alarma, para que esperar más !….pero lo que no se me despierta es el habla, soy incapaz de articular palabra, y como me hablen o pregunten….a hostias me liaría

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