Desayuno

Tan sencillo como enviar un mensaje a través de whatsapp para que dos hermanos se encuentren en la misma cafetería, compartan conversaciones, risas y un buen desayuno.

Es viernes por la mañana. Eva le envía un whats a su hermano Lucas, comentándole que sobre las 10:30 irá a desayunar donde siempre.

—Si te apetece venir, allí me encontrarás. Dice Eva en un mensaje de audio. De fondo, se oye el ladrido de un perro y el mar como segunda voz.

Lucas no se lo piensa dos veces. —Me visto y bajo en un plis. Le dice en otro audio, entusiasmado.

De camino hacia la cafetería, Lucas sonríe. Recuerda con alegría el último día que se vio con su hermana. ¡Ostras!, no hace ni dos días, pero se emociona cada vez que se encuentra con ella. Siempre que pueden, aprovechan los buenos momentos que les ofrece esa cercanía de amor fraternal y, como no, la cercanía geográfica. Les separan siete minutos de distancia.

Eva y Lucas se ponen al día, aunque hacía escasamente cuarenta y ocho horas que se acababan de poner al día. Siempre tienen algo que contarse.

Procuran quedar todas las veces que pueden. —El tiempo apremia, dice Eva sonriendo.

—Cierto. Responde Lucas con otra sonrisa que denota alegría en su cara.

—Dos bocatas de tortilla; uno mini y el otro medio. ¡Ah, y un zumo de esos!

Eva le recuerda a Andreu su tradicional café con leche de avena, templado. —Eso está hecho. Le comenta este, con el mismo entusiasmo de todos los días.

—¿Cómo va tu segundo libro? Le pregunta Lucas a Andreu. —¿Lo estás acabando ya?

—Voy un poco de culo porque no me dan las horas, pero ahí ando. Le responde mientras coloca el café en la taza de porcelana china.

Eva y Lucas se ríen un poco más alto de algo que les hizo mucha gracia el día anterior, lo que provoca que tres amigos que estaban desayunando de cuchara, se giren de golpe para ver qué se cuece.

Eva, al inicio del encuentro, le comenta a su hermano que le envió un whats a Petra, la hermana que va por debajo de Lucas.

—Me ha dicho que tenía una videollamada y en seguida que acabe, se pasará por aquí.

En el pueblo donde viven, de los cuatro hermanos, tres tienen casa. El cuarto, Pedro, vive a caballo entre la capital y un pueblecito de la costa, con su novia.

Con Pedro no se ven tanto. Trabaja como un poseso y no tiene casi nunca tiempo para verse con sus hermanos. Es una lástima porque las semanas pasan volando. Pero si no hay tiempo, no hay tiempo. Al menos, cada vez que se ven, disfrutan como enanos.

—Hola, Petra. ¿Qué te apetece tomar?
—Un té. Ya desayuné en casa antes de la video y, además, tengo el tiempo justo.

Eva y Lucas se miran a los ojos, con complicidad.

—Petra, relájate un poco. Andas siempre tan de culo… Te pareces a Pedro.

Los tres hermanos comparten lo que les queda de desayuno. En diez minutos, Lucas se marchará pitando a casa porque tiene una urgencia. El zumo de frutas y el café están haciendo de las suyas. Eva tenía que bajar a la farmacia del pueblo a recoger un paquete y Petra, como de costumbre, tenía cosas que hacer antes de bajar a la capital.

En dos o tres días se volverán a enviar un mensaje escrito o de voz para quedar en el sitio de siempre y tomar un buen desayuno entre risas y conversaciones de hermanos.

2 comentarios en “Desayuno”

  1. La verdad es que, realmente, tienen mucha suerte de tenerse cerca, de tener esa complicidad que va más allá de la palabra hermanos. Me atrevería a decir que, además, son muy buenos amigos.

  2. Aurora Anguera

    Que SUERTE y lo digo con mayúsculas que esos hermanos se vean tanto como puedan, que se expliquen sus cosas y que exista esa complicidad tan especial a lo largo de los años. Unos se ven más a menudo que otros, pero la ilusión de estar juntos es un regalo que no todos poseen. Espero que sigan así a lo largo de los años, vivir cada momento tan especial POR EL PRIVILEGIO DE SER HERMANOS!

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