Cuatro puntos de ajuste

¡Mentira!

¿Por qué dicen con cuatro puntos de ajuste si no se ajustan? Cuando no salta de un lado, se escapa del otro. Y así, hasta el infinito y más allá.

Las sábanas normales (digamos, las que no tenían gomas en las esquinas), pasaron a la historia, de mi historia, hace muchos años.

Opté por las famosas sábanas Walf con cuatro puntos de ajuste que estaban diseñadas para colchones normales con una altura razonable.

Ahora es un sinvivir. Colchones de espuma HR, viscoelásticos, de látex, de muelles ensacados, de muelles Bonell, de lana, etc. Bufff.

Y no te hablo de las medidas largo por ancho y por alto, que en este último diría que radica el problema de los desajustes.

Un colchón de antes rondaba los diez a quince centímetros de altura más o menos. He llegado a ver colchones con más de 30 centímetros. Entonces, ¿cómo coño enganchas las Walf sin cabrearte?

El de Lucas, por ejemplo, tiene una altura de 20 centímetros. Aparentemente es normal, pero cada día tiene que reajustar y pelearse con las esquinas.

Queda muy feo ver una cama deshecha. Parece como si la noche anterior hubo una sesión de sexo desenfrenada y lo único que aconteció allí fue una dormida a pierna suelta con gatos incluidos.

Dentro de dos semanas más o menos, tenemos vacaciones y aprovecharemos para mirar sábanas razonablemente estáticas porque las que corren por casa tienen vida propia. Se desajustan cuando les da la gana y no hay forma humana de colocarlas bien.

Eva nos recordó que es muy importante tomar bien las medidas para que te den la sábana que mejor se adapte al colchón.

Estos días nos rondaba una pregunta curiosa; ¿quién se ha de adaptar a quién o a qué, las sábanas al colchón o nosotros a la sábana?

Ya te contaré cómo fue (en el futuro) la compra de las malditas sábanas.

2 comentarios en “Cuatro puntos de ajuste”

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