¿Cuándo parar?

Esos trabajos que son, cuanto menos, muy lineales, monótonos y aburridos. Esos que se deben hacer sí o sí, para alimentar una BBDD (para los menos entendidos) una base de datos, son de lo más tedioso. Pero hay que hacerlos sin remedio.

Llevo un montón de días (no me quejo) haciendo uno de esos trabajos en los que, como te despistes, te puedes cortar las venas (o dejártelas largas).

Líneas y líneas de datos, acompañados de las columnas correspondientes, para trasladar toda la información que hay en un documento, hecho con un programa de edición, un programa tan magnífico como es el Indesign, para pasarlo a otro menos atractivo que éste, pero tan necesario, como es el excel.

Eso sí. No quiero saber nada del señor de Microsoft y por lo tanto utilizo Drive. Es gratis, fácil de usar y me gusta más que el otro.

Así que ya me ves, con tres ficheros abiertos: un pdf con anotaciones, una hoja de excel con demasiado de todo y mi documento estrella, montado en Indesign.

Se ha de anotar de forma cronológica todos los productos, pasarlos de un programa a otro, revisando que no nos dejemos nada.

Una vez que le hemos pillado el tranquillo, es cuestión de ir haciendo y no despistarse.

Pero, ¿cuándo parar? ¿Cuándo los ojos ven el doble? ¿El triple? ¿Cuándo te has equivocado como tres veces y has de volver atrás y revisarlo de nuevo?

No lo sé.

Quizás debería haberme planteado un máximo de horas para estar delante de la pantalla, o un máximo de productos. A saber.

Suerte que todo este tinglado está supervisado por mis músicos preferidos.

Gracias a ellos, la labor se hace más llevadera.

¿Qué sería un trabajo sin la música que nos mueve por dentro y por fuera?

Cierto es que hay muchos trabajos en los que no te permiten escuchar música.

Tengo suerte.

Trabajo en casa. Desde que empiezo a currar hasta que acabo, la música me sigue a todas partes.

Por ejemplo, ahora mismo estoy escuchando El cant dels ocells en versión latin-jazz. No la había oído nunca. Mola.

Por hoy ya tengo bastante con el copypaste.

Basta. Prou. Mañana será otro día.

Líneas y líneas de información me esperan para seguir currando de forma automática pero con mucha precaución.

Eso sí. En un rato, me pongo las zapatillas de deporte y me voy a pegar cuatro saltos por ahí. De esa forma, rompo la monotonía reinante.

Salud.

¿Cuándo parar?

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