Contraseña

Nos volvemos locos cuando intentamos acceder a un lugar que demande la contraseña y hace tiempo que no entramos. De repente, se genera un estrés inesperado, ya que en muchos de estos lugares, aparece un aviso en rojo que pone:

TE QUEDAN 3 INTENTOS. Como falles te vas a comer una mierda.

Tiras de memoria, intentando recordar qué mierda de contraseña pusiste. Si era la misma que usaste cuando te diste de alta en el Decathlon, Amazon o Wallapop.

No hay manera. Se encienden todas las alarmas. Te rebanas los sesos pensando cuál fue la última contraseña. Tampoco debe ser tan complicado. Tal como eres, seguro que escribiste una gilipollez. Arrancas una hoja de la libreta y pillas el boli Bic del tarro de tus bolis, lápices y varios rotuladores más secos que una mojama. Anotas todas las que recuerdas.

  • Con un seis y un cuatro, entre guiones bajos o medios, con algún que otro símbolo perdido: con1_6y-1%4
  • 1234 (no creo que esta la haya utilizado nunca)
  • la-mate$por_un_llunguet. Esta es rara, pero no recuerdo dónde la puse
  • the-end-IIGM-1945 (en esta pedían mayúsculas, minúsculas y números)
  • mi fecha de nacimiento, la de mi hijo, mi prima o el amante de Laura…
  • el primer beso. ¡Hostia! ¡No me acuerdo de mi primer beso!
  • la tercera estrofa del Cantar del Mío Cid, en esperanto, que por cierto, me encantó…

TE QUEDAN 2 INTENTOS. Agarra un plato para colocar esa mierda tan rica que te vas a comer.

Se van agotando las posibilidades. Ahora pensarás (te leo la mente): —el tipo que escribe está pallá. Pone en rojo que me quedan dos intentos y en mi lista he escrito siete burradas. Claro, ya lo entiendo. Todo esto es una mera fantasía del microscriptor.

Crees recordar que en Amazon escribiste una mierda como una olla (la poesía nunca fue tu fuerte): $Amazoon_2010. Te diste de alta en esa plataforma el 2010. Es americana; así que utilizas el símbolo del dólar. Por no escribirlo como ellos, te dio por poner dos oos, como si fuese un zoo Más que un zoo parece un circo de cuatro pistas. De todas formas, yo no estaba presente cuando se te ocurrió semejante majadería.

Cada humano escribe las contraseñas con una cierta lógica para acordarse con dignidad y no padecer en silencio (como las almorranas) esos sustos de 3, 2, 1 intento y… a la mierda.

  • 123-pica-laPared
  • churro_mediamanga
  • MCMXCII

LO SENTIMOS MUCHO. Te jodes como dijo Herodes. Pruébalo de aquí treinta días.

¡Treinta días! Pero si para entonces no sabré dónde quería entrar ni para qué. ¡Ah! Ya sé. Me enviarán a mi correo electrónico un mensaje tipo: «Hola, Pepito. Nos ponemos en contacto contigo porque hace catorce años intentaste entrar en la web de Altavista sin éxito alguno por tu parte. A nuestros programadores les tenemos dicho que cuando a un pesao como tú (y no te enfades por lo de -como tú-), les aparezca en la pantalla un mensaje estresante, a poder ser en rojo* y que le vaya descontando los intentos, os mareen con notificaciones como esta que acabas de recibir. De esta forma, (nuestra intención es que desistas) queremos que te deprimas y hagas lo siguiente: o bien dejes de tocar los huevos o cambies la puta contraseña por otra más fácil. Pedazo de melón».

La palabra rojo, si te fijas, lleva un asterisco. No podía pintar de rojo la palabra rojo, porque si lo hago, todo el párrafo se queda rojo. En este bloque o escribes en un color o en otro. Te lo quería comentar por si piensas que estoy atontao.

Para ir resumiendo, cada vez que se te ocurra escribir una contraseña estúpida recuerda que nosotros, los del otro lado, te observamos a través de la cámara integrada que tienes en tu equipo. Nos encanta mirar las caras de preocupación que pones cuando no te acuerdas de la puta contraseña y nos lo pasamos en grande, haciendo apuestas, para ver cuántas veces te equivocas hasta que, por fin, Oswaldo, aprieta el botón para que te salga ese mensaje de mierda.

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