Contar hasta cinco

¿Manías, protocolos, costumbres, supersticiones o tradiciones? Hay tantas como seres humanos.

Cada individuo las tiene muy arraigadas. Creo recordar que se localizan en la zona reptiliana del cerebro, la más primitiva de los seres humanos.

Otros, las cultivan durante su vida. Se convierten, a veces, en obsesiones de las que no se pueden desligar.

Siete vueltas al azúcar con la cucharilla de café, mirar si has cerrado bien la puerta del congelador, no pasar por debajo de una escalera o cerca de un gato negro, comprobar que has quitado el estárter de la moto, si has activado la alarma antes de salir de casa, cruzar justo por el paso cebra, saltando de raya en raya, no vaya a ser que te caigas al abismo, etc.

Comprobar es un verbo que se utiliza mucho en estas acciones. Comprobar esto, comprobar aquello.

Mirar también se utiliza para estos menesteres. Mirar si llevas la raya del pelo en perfectas condiciones y si no es así, guardas un peine o cepillo en el bolso o en el bolsillo de atrás (eso quedó atrapado en el tiempo).

Para hablar de los supersticiosos, tendría que crear otro post y ahora no dispongo de mucho tiempo.

Miles o millones de manías se extienden allá donde mires.

Comprobar que los lentes de tus gafas están impolutos y si no es así, limpiarlos con Fairy, con agua, con una toallita de alcohol, con la camiseta, haciendo vaho sobre los cristales o mil formas más. Una vez vi a un tipo que se limpiaba las gafas en la calle con saliva. Chupaba los cristales con una lengua que parecía la de un camaleón.

Ordenar otras cinco veces las botellas en el refrigerador. Comprobar que los huevos están bien colocados para que no se rompan. Entrar otra vez en casa porque no recuerdas si cerraste la puerta de la habitación.

Entrar en el garaje y detenerte en la rampa. Regresar a casa para comprobar que cerraste la puerta de la habitación.

A los maniáticos del papel del retrete hay que darles de comer aparte.

Están los que ponen la parte colgadera del papel pegado a la pared, los que la ponen hacia afuera, los que cuentan las unidades para no tener sustos a la hora de la limpieza, los que tiran del rollo como si no hubiera un mañana, los que utilizan la mínima expresión, tal vez una unidad. Diría que estos últimos son los más atrevidos o más guarros. No estoy muy seguro.

Conozco un tipo que cuenta cinco unidades de papel. Una vez arrancadas del rollo, enrolla la parte colgadera para dejarla recogida. Las cinco unidades las dobla por la mitad; utiliza una parte y después lo dobla al revés para utilizar la otra. Si no ha quedado satisfecho, arranca otras cinco unidades, recoge el rollo y dobla, otra vez, el resultado por la mitad. Así, hasta que todo vuelve a la normalidad.

Acabado este protocolo, sumerge el recto proceder en el bidé. Sí señores, el tipo disfruta de un hermoso bidé. Creo que hoy en día es una de las piezas que han desaparecido en muchos baños. Es una pena. Con lo bien que va.

¿Se podrían catalogar a los que no tienen ningún tipo de manía como seres excepcionales? ¿Felices, despreocupados, desapegados, no problem…?

Y los que están cargados de tics hasta las cejas, ¿qué hacemos con esos? ¿En qué lista los colocamos?

Los hay que hacen listas para todo, incluso listas de listas para no olvidarse de tareas que están apuntadas en la lista.

Los que comprueban que la pantalla de su ordenador carezca de huellas digitales, polvo, alguna pisada de mosca o restos de estornudos. En cambio, no les importa si debajo del piano hay pelusa acumulada o un poco de grasa en el horno.

Los que pasan la aspiradora por el suelo, el techo, las cortinas, la colcha de la cama, por dentro y por fuera de los armarios, por cualquier rincón u orificio.

Los que limpian los cristales con papel de periódico porque una vez les dijeron que así quedaban mejor.

Los que comen paella todos los puñeteros jueves. Los que quitan las espinas a las sardinas en lata. Los que pasan un trapo por la anilla de la lata de cerveza, no vaya a ser que se contaminen con alguna bacteria rebelde que se depositó cerca del orificio.

Centenares o miles de manías, protocolos, costumbres, supersticiones o tradiciones para cada comunidad o individuos. Estaría escribiendo hasta que se me acabaran los bytes de memoria.

De momento, voy a contar hasta cinco. Es lo que acostumbro a hacer antes de cerrar el ordenador. No vaya a ser que me olvide de desconectar algún enchufe y tenga que volver del garaje para comprobarlo por quinta vez.

1 comentario en “Contar hasta cinco”

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