Conexión satelital

El equipo de arqueólogos al cual pertenezco, está repartido por los cinco continentes. Henri lleva tiempo atrapado en unas ruinas que encontró, justo detrás de la pirámide de Saqqara. No se quiere mover de allí hasta que no descubra por qué nadie las había localizado antes.

Nos comunicamos cada miércoles para intercambiar impresiones de cómo van los descubrimientos. Las llamadas, casi siempre vía WhatsApp, son bastante buenas y la video casi nunca se corta.

Tuvimos suerte con la compra del Iridium 9555. Ahora, si lo quisiera comprar otra vez al mismo precio, creo que sería difícil de encontrar, pero ya se sabe que en «Google, voy a tener suerte», es probable localizarlo.

Así que Henri, perdido, pero no olvidado, detrás de Saqqara, sigue excavando con su pequeña pala, su cedazo en forma de pandereta y mucha, mucha paciencia, para localizar lo que ambos denominamos: el rubí de Enricco.

Penélope, más conocida por todos como Penny, decidió seguir la ruta de El Dorado. Penny también va provista del Iridium. Nos hicieron muy buen precio al adquirir dos unidades. Casi nos salió gratis el segundo móvil y eso que vale una pasta, pero el equipo se lo merece.

Ella, más aficionada a las leyendas, se comprometió con el grupo para localizar una calle de la mítica ciudad en la que, supuestamente, hay un grabado en oro blanco, con los cuatro puntos cardinales. El punto por el que Penny está hechizada es el del S (sur), en cuya base, según cuentan, hay incrustado un diamante verde, tan grande como un huevo de codorniz.

Cada jueves, más o menos a la misma hora, tenemos una video a tres con Henri, lleno de arena hasta las orejas, Penny, entusiasmada con su huevo y yo, desde mi atalaya en la Jungfrau.

Sí. Sí. No podía olvidarme de Lluïsa. Nuestra carismática catalana que está cubriendo la ruta de Roald Amundsen. Suerte que (y con bastante insistencia) conseguí que se llevara al polo Sur, el Inmarsat IsatPhone II. Quizás un poco grande para su tozudez.

Ella quería, ante todo, llevar poco peso en su equipaje de mano. Me dijo que si llevaba más peso de la cuenta, que se negaba a hacer esa ruta.

Llevaba bastante tiempo dando la tabarra con que quería ir a la Roca Foradada, un lugar, apenas insignificante de una montaña mítica, para nuestro proyecto, pero muy importante para ella.

Recuerdo sus palabras: —eres un cabronazo. Sabes muy bien que quería ir a toda costa a la Foradada. Sin embargo, te pasaste mi petición por el sobaco y aquí estoy, en medio de la nada, recogiendo muestras de caca de oso y bigotes de foca. Aunque, por otra parte, he de darte las gracias por haber escogido el móvil Isat. Sin él, estaría más aislada aún.

La conversación de esta tarde con Lluïsa ha sido muy agradable. Está más tranquila. Sabe que su estancia en el culo del mundo está por finalizar y pronto volverá con toda la información, para ser analizada en el Archaeological Space of the Four Bagpipes (ASFB).

Eso sí, me ha dicho que me tiene preparada una buena por haberme atrevido a enviarla al polo, aún a sabiendas de que no quería ir.

Pero los descubrimientos científicos están por encima de los caprichos humanos.

El próximo verano, si no pasa nada y teniendo en cuenta que mi equipo se lo merece, tenemos una cita importante Henri, Penny, Lluïsa, Oswald y yo en un pueblo del Empordà. Una comarca con fuertes vientos. Creo que le llaman la Tramuntana. Un viento que nace en el macizo central francés y baja hasta los Pirineos, entrando con fiereza por la Cataluña Norte.

Oswald, especialista en grabados antiguos de música, que hasta no hace mucho se encontraba en Sumatra, nos tiene preparada una estancia exquisita. Concierto coral de JSB, cena romántica (no sé por qué se tomó tantas molestias, pero Os es así) y visita al museo Dalí, en la ciudad de Figueras.

Siempre he tenido ganas de conocer la obra de tan esperpéntico genio.

Ya sé que aún queda bastante para el evento, pero nosotros, los de la ASFB, somos así. Mejor hacer planes con tiempo, porque luego, nunca se sabe. Igual nos pilla en Iguazú o en Nazca y tenemos que anularlo todo de repente.

Suerte de los teléfonos satelitales, para avisarnos con absoluta nitidez. No entiendo por qué no los usa más gente.

¿Será por qué cuestan una pasta? Me da absolutamente igual.

Para mi equipo, lo mejor…

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