Cien cerillas

Hace tiempo escribí un post en el que hablaba de las cerillas caducadas. Supuestamente, todo es caduco. ¿Por qué no iban a serlo también las cerillas? Hay que darse prisa. Hemos de gastar las cien cerillas contenidas en una caja.

¿Cien cerillas equivale a cien usos? No tiene por qué. Muchas veces, antes de que llegue al fogón, se apaga por la brisa que entra con prisa por la ventana; porque se ha consumido antes de tiempo la maderita del fósforo y la apagas porque igual te quemas; porque al frotarla con la lija de la caja, se parte por la mitad; porque te equivocaste de llave mientras recibías un whatsapp.

A propósito del whatsapp, has de tener en cuenta que las cocinitas y las redes sociales no son compatibles. Te lo digo por experiencia. ¡Pues no se me ha salido la sopa en más de una ocasión badando con el puto whatsapp!

Si estás jugando con fuego, no hagas otra cosa.

Las cerillas de madera que son mis preferidas, tienen una vida muy corta. Corta, pero intensa. Son las protagonistas de un buen guiso, un arroz caldoso, de un pescado al horno, siempre y cuando, el horno no esté embozado como le pasó a Lucas hace pocos días. Quería hacer salmón a la naranja.

Una amiga le recomendó esta receta.

Ingredientes: dos trozos de salmón estupendos, el zumo de seis o siete naranjas, sal, pimienta, una pizca de cúrcuma, (para el que le guste, claro).
Modo de preparación: coger el salmón y quitarle la piel. Si lo hace la pescadera mucho mejor. Lo tiene por la mano. Tú, seguramente, harías una desgracia. Depositas los trozos de salmón en una bandeja plana que aguante altas temperaturas. Los salpimentas y los introduces en el horno. Licúas las naranjas y con el zumo inundas las piezas de salmón.

Encender el horno supone gastar entre cuatro y siete cerillas de madera. No te acordabas que la última vez que intentaste usarlo te costó nueve cerillas.

Si por casualidad te has parado a contar cuántas cerillas usó Lucas para preparar el salmón a la naranja, dímelo. Yo, hace rato que me desconecté. Tenía que contar cuántas cerillas usé para encender la chimenea y cuando llevaba catorce, me despisté con un mensaje de Facebook. Hoy hacía frío de verdad.

Encender un buen fuego requiere de una técnica ancestral de la cual yo no dispongo. Soy más bien un «sapastra» y antes de conseguir algo decente, igual he gastado media caja de cerillas.

Así que, en definitiva, cien cerillas no tienen cien usos. Eso siempre dependerá de la habilidad del pirómano de buen rollo, of course.

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