Capadocia.d3d5

Lo prometido es deuda

Parece mentira lo que llega a cundir el día sin tener a mano las comodidades de la vida «civilizada».

Lucas escribió la palabra entre comillas porque, en la cueva y territorio donde estuvieron instalados del tercero al quinto día, que está en medio de la nada, en las montañas de Aladaglar, pensaba que se aburriría como una ostra.

De eso nada, monada.

Sin móvil, sin su ordenador portátil, sin sus noticias o simplemente sin estar conectado al mundo, creía que los dos días y medio que pernoctasen allí, sería más aburrido que cuando fue años atrás de viaje a la Toscana con aquel grupo tan variopinto que conoció por casualidad, a través de Maria.

—Eres un tipo absolutamente sorprendente. No sabía que tenías tantos recursos aquí, en medio de ningún sitio. —Le comentó Lucas a Jonas mientras preparaban un té de hierbabuena—.

El té, en estas latitudes, es de vital importancia. Tiene muchísimas propiedades terapéuticas, pero sobre todo, es un sistema de defensa en este clima tan extremo. Si no lo tomas a menudo, considérate muerto.

Contemplar el cielo nocturno, metido en un saco de plumas, no tiene precio. Llega un momento que los ojos te duelen de tanto fijarte. Miles, millones de estrellas crean una malla allá arriba. Es como un tamiz cargado de granos de arroz y entre las diminutas distancias entre los granos, el negro de la noche se cuela para generar un claroscuro casi tenebroso, pero a la vez, armónico y de una belleza impresionante.

Comentario de Jonas

Caminar de noche por el desierto pedregoso, solo con la luz de las estrellas, es una experiencia única, a la vez que increíble. Lucas no hubiese imaginado en su vida que pudieran dar tanta luz unos astros que se encuentran a miles o millones de años luz de distancia. Por más que se lo explicaba Jonas, no le cabía en esa cabeza de chorlito.

—Abre tu mente. Sigues estancado en lo tradicional, en lo que es palpable. Deja que tus sentidos te guíen por aquí, por cualquier lugar por el que te muevas. Despréndete de tantos prejuicios. Suéltate. —Le dijo Jonas, casi como un regaño—.

Así lo hizo la noche del cuarto día. No encontraba las palabras exactas para agradecerle a Jonas cómo había incidido su mensaje en la nueva manera de contemplar el mundo. A partir de ahora, supuestamente claro, miraría con la mente abierta, se alejaría de la presión occidental, que lo único que hace es nublar nuestros pensamientos, para obligarte a pasar por el tubo. Sería algo así como salir de la Matrix y observar las cosas desde fuera de la corriente.

Aún quedaban siete días por delante y Lucas no paraba de sorprenderse con cada frase que salía de la boca de Jonas.

La noche del quinto día, no supo cómo demonios ocurrió, ni cómo llegó de una forma tan silenciosa. Para no perder la costumbre, se quedó con la boca abierta un buen rato.

—¿Quieres hacer el favor de cerrarla? Al final te entrará un escorpión y verás que bonito es ver cómo te ahogas. —Le dijo entre risas, su anfitrión.

Sarah, que no formaba parte de la expedición, apareció, sin más, allí, en la cueva donde pernoctaban los dos amigos. Había preparado una cena exquisita. De dónde diablos sacó todos los manjares, la bebida o la fruta, es una pregunta que Lucas se sigue haciendo aquí, en su casa de la playa.

—Te lo contaré otro día, cuando tengas la mente mucho más abierta, —le dijo Jonas a su huésped—.

¿Más abierta aún?

2 comentarios en “Capadocia.d3d5”

  1. ¡No hay mal que por bien no venga!
    Hoy me he quedado sin poder ver la tele. Y ahora estoy tan ricamente sentada disfrutando de este relato!!
    Gracias Xavier! Sigue regalándonos estas perlitas cortas! Tus relatos a veces me hacen reir, otras me enternecen y algunos, como hoy, me cautivan y otros no estoy tan de acuerdo. Pero siempre me hacen pensar y poner otra mirada en lo cotidiano

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