Calor

¿El calor cambia el carácter de las personas? ¿Las hace más agresivas, más apáticas o enérgicas? ¿Antipáticas y estúpidas? A consecuencia del calor, ¿nos sale el demonio que llevamos dentro? Parece ser que con el calor, nos volvemos más irascibles. La paciencia desaparece y los que se sitúan a nuestro alrededor, a la distancia prudencial de #nometoquesloscojones, tienen todos los puntos de recibir un berrido o una hostia inoportuna.

Este sábado pasado, dos individuos vivieron una situación de este tipo. No se sabe muy bien si el calor tuvo algo que ver, pero lo que sí sé, de buena tinta, es que no me extrañaría nada. A la gente se le va la pinza con demasiada facilidad y si encima hace calor, mucho más deprisa. En las escuelas del futuro, debería haber una asignatura enfocada al cambio climático, para aprender a llevarse bien con el prójimo cuando la temperatura exterior es excesiva. Se sabe que cuando nos calentamos, la temperatura corporal asciende unos cuantos grados. Los suficientes para que no pensemos con claridad, para que cualquier detalle, por pequeño que sea, encienda la barbacoa interna y se produzca una reacción en cadena que, normalmente, si no se tiene sangre fría, puede producir un derrame de sangre que se podría haber evitado.

No estaría nada mal que los próximos maestros Jedi aplicaran a sus alumnos un poco de mentalidad Zen para no desparramar violencia por doquier. Esta asignatura podría ser una mezcla de diferentes especialidades: metafísica, meditación, mindfulness, humildad, conocimiento interior, educación, urbanidad, buenos modales, etc.

Mientras los gobiernos se lo piensan para bien de las futuras generaciones, ya que cada vez hará más calor, podemos practicar la calma, partiéndole los morros al primero que nos hinche los cojones…

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