A seis grados

bibiana-fotografa-adolescente

Dicen que entre ti y Obama, existen seis grados de diferencia, cinco nexos vinculados, en los que una persona conoce a otra y al final, la quinta conoce a Obama.

Quizás te acuerdes de Nil, aquel muchacho sueco con el que hiciste Primaria, en el Colegio Público Quintanilla, de San Fernando. En aquella época, tu vida se desarrollaba en un mapa muy pequeño. Entre la plaza Santísimo Cristo de la Vera Cruz, la casa de tus padres, en la calle Trafalgar y cómo no, el Colegio que estaba en General Florencio Montojo.

De vez en cuando y para ampliar el mapa, alguna excursión al puerto de Caño Herrera con tu grupo y para de contar. Con 14 años, no le podías pedir nada más a la vida. Tenías unos padres fantásticos que te dejaban bastante cuerda. Grandes amigos que crecieron contigo desde chavales y otros que, sin saberlo, irían apareciendo en tu vida, con los años. Amigos de amigos que, a través de otras personas que ni siquiera te hubieras imaginado, formarían tu círculo más íntimo.

Compostela (I)

Corría el año 1968 cuando Bibiana, nuestra protagonista de la historia, se había ido de viaje con los Quintaneros, grupo ganador del concurso de fotografía. Ese era el apodo cariñoso que le ponían a los estudiantes del Colegio.

Era su primer viaje largo en bus, con más de doce horas de trayecto, entre San Fernando y Santiago de Compostela; un viaje que le tenía reservado su primera sorpresa.

En Santiago, los veinte del colegio y sus monitores, se hospedaban en el Parador Nacional Reyes Católicos, gracias al dinero que habían ganado del premio especial, en el concurso de fotografía gráfica que se celebraba todos los años, con motivo del Certamen del Primavera Photo.

Recuerdo que a ese certamen también me apunté, unos años más tarde y aunque no gané ningún premio, la recompensa fue conocer a un fotógrafo francés de renombre internacional que me dijo: —sigue por ese camino fotografiando sombras. Es un tema muy interesante.

Primavera Photo 1983

Bibi no tenía ni idea, pero en marzo del 68, formaría parte de un acontecimiento que marcaría su vida para siempre. Contaba solo con 14 años, pero a veces, no hace falta ser mayor para saber cuál será nuestro propósito.

El día 14, tenían programada una visita por la ciudad.

Santiago de Compostela no es muy grande y se puede hacer a pie, con la calma. Tenían visitas culturales obligadas con el grupo, como la Catedral. Aunque el espectáculo del botafumeiro solo está programado para los años compostelanos, hicieron una excepción con los alumnos de San Fernando. La ocasión lo merecía.

Pórtico de la Gloria. Plaza del Obradoiro. El hospital de los Reyes Católicos que, casualmente, es donde estaban hospedados. El Parque De Bonaval, al norte del ajetreado barrio de San Pedro. El casco antiguo de la ciudad, etc.

Hicieron un sinfín de visitas más, pero eso lo dejaremos para otra ocasión.

¿Por qué decía que Bibi experimentaría un cambio radical en su vida? Pronto lo sabremos. Pero antes, una previa.

A más de dos mil kilómetros

Como ya sabemos, el 13 de agosto de 1961, se levantó el muro de Berlín. Un muro que desgarraría la vida de muchos berlineses y por ende, de toda una generación de alemanes que vivió con miedo durante veintiocho años.

Aun así, no todos sufrieron por igual. Se crearon algunos grupos de voluntarios que lucharon, en la sombra, para liberar al mayor número de personas que, desafortunadamente, se habían quedado atrapadas al otro lado.

Una de esas personas, las llamadas extractoras, conocería años más tarde a otra que, en un momento dado, se cruzaría en la vida de Bibi. ¿Cuándo? ¿Quién? Eso está por llegar…

Compostela (II)

El 15 de marzo, debían tomar un tren que les llevaría a visitar la Laguna de Terras Miúdas y desde allí hacer un recorrido por las Rías. Un problema inesperado en la red de ferrocarriles, les obligó a cambiar la programación. Ese día Bibi, se enteró por la radio que se había producido un terrible accidente de tren.

En las noticias comentaron que un convoy descarriló muy cerca de Santiago. El siniestro del tren, de alta velocidad, Alvia se produjo concretamente en Angrois. Era la ruta que debían tomar para llegar hasta la Laguna. Tuvieron que cambiar de planes.

A simple vista, este hecho aislado no tendría importancia en la vida de Bibi, pero años después coincidirían diversos momentos, enlazados con la teoría de los seis grados.

De vuelta a San Fernando

Se acabaron las mini vacaciones de primavera y todos regresaron a casa sin haber tenido ningún percance.

La curiosidad, en los jóvenes que quieren saberlo todo, es muy poderosa. Bibi era una chica de ese estilo. Curiosa por naturaleza. Decidió, junto a otros compañeros y su tutor de fotografía, hacer un reportaje fotográfico relacionado con los trenes, y más concretamente, con los accidentes ferroviarios.

Supongo que no hace falta que os diga quién era el protagonista de su historia. Sí. Lo habéis acertado. Se dedicaron en cuerpo y alma al accidente del Alvia.

Recopilaron toda la información que pudieron del accidente, siempre bajo la tutela de su profesor de fotografía. Cuáles fueron las causas del siniestro. Cuántas personas perdieron la vida. De dónde eran todos los pasajeros. Por qué subieron al tren. Preguntas un poco inconexas, pero a Bibi le gustaba mucho investigar.

De todos los apellidos, hubo uno en concreto que les llamó la atención. Pleintz, alemán. El matrimonio se había desplazado, en un viaje relámpago, hasta Santiago de Compostela.

Otto y Walda, tuvieron un fatídico final, lejos de su casa en Berlín. Parece ser, por lo que indagaron, que habían ido a Santiago para encontrarse con unos amigos de la mujer, que venían expresamente a España desde los Estados Unidos, para encontrarse con su amiga de la juventud.

Más que un reportaje de fotografía, el trabajo que estaba desarrollando el «5SF», como se hacía llamar el grupo de la escuela, era lo más parecido a una investigación policial, con la que, a medida que tiraban del hilo, iban apareciendo nuevas pistas.

Bibiana se sentía pletórica; en su salsa.

Descubrieron que Otto y Walda venían de Berlín. Que tenían una hija que se llamaba Gertrud, de 23 años que se dedicaba a asuntos políticos, pero no pudieron descubrir nada más. Llegaron hasta un documento clasificado y eso le llamó mucho más la curiosidad.

Barcelona

Aunque seguía sin creérselo, Bibi era una chica especial, con un asombroso ojo crítico para tomar las mejores instantáneas con su flamante Nikon FE y su inseparable tele de 105 mm. Este don le permitió, después de haber trabajado duro en diversas agencias de periodismo andaluzas, trasladarse a Barcelona tras conseguir una beca por sus excelentes fotografías.

En 1978, Bibi ya tenía 24 años. Habían pasado diez desde aquel accidente en Galicia que, sin estar presente, marcaría el inicio de su larga trayectoria como reportera gráfica.

En Barcelona, a las órdenes de Joana Biarnés, fotoperiodista, realizaba encargos gráficos bastante acordes a su estilo personal. Joana le dio absoluta libertad para que explorara sus aptitudes.

En esa época, Barcelona ya estaba considerada como uno de los referentes más importantes de Europa en acontecimientos culturales de primer nivel. Fue en la Primavera Photo de 1983, cuando Bibiana conoció a Andreas Kölhn, un fotógrafo alemán que llevaba veintidós años cubriendo los reportajes gráficos del muro de Berlín.

Girona

En una exposición fotográfica que estaba cubriendo en la ciudad, dedicada a la Festa Floral de Primavera, Bibi observaba a un chico. Un joven que llevaba una Hasselblad colgada del hombro. Cuanto más lo miraba, más parecido le encontraba a un muchacho de su infancia.

Su curiosidad pudo con ella. Se aproximó y le dijo que su cara le sonaba mucho. Sus ojos y sus expresiones le recordaban a un amigo de su infancia. Hablaron durante horas y descubrió que era hermano de Nil, su compi de la infancia en el colegio Quintanilla.

No se lo podía creer. Nil nunca le habló de su hermano Simón. ¿Por qué?

En aquella época, Simón vivía con su madre en Estocolmo. Su padre viajaba mucho por temas de trabajo. Era armador y estuvo destinado en San Fernando cinco años. Los mismos en los que Bibi y Nil coincidieron en el colegio.

Bibi seguía preguntándose por qué nunca le habló de su hermano.

Encuentros

Bibi y Simón se hicieron buenos amigos. Cada dos o tres semanas se veían en Barcelona o Girona, dependiendo del trabajo de ambos.

Tardó tres años hasta que un día Simón le habló de Silvia, una amiga que había hecho en el reportaje de un Erasmus en Turín.

Bibi afiló las uñas y se puso en guardia. Simón le comentó que se quedara tranquila porque Silvia era gay, así que no tenía de qué preocuparse. Le dijo que Silvia era sobrina de un extractor llamado Sigfried.

Bibi puso cara de no saber de qué le estaba hablando.

Le explicó que un extractor se encargaba de pasar personas del Berlín oriental al lado bueno. Le comentó que, cuando ella tuviera unos días libres, le gustaría mucho presentarle a Silvia. Le habló del excelente reportaje fotográfico que había realizado sobre el muro.

En julio de ese mismo año, tomaron el interrail y se fueron para Berlín.

En la estación de Hauptbahnhof les estaba esperando Silvia muy contenta. Por fin, podría reencontrarse con su buen amigo Simón al que no veía desde hacía dos años.

Una vez hechas las presentaciones, pensaron que sería una buena idea callejear por Berlín. Ya pararían en cualquier lugar para tomar un refrigerio.

En seguida las dos chicas conectaron. Simón estaba muy contento por la reacción de sus chicas. Aunque conocía bastante bien a Bibi, no sabía cómo se iba a encontrar.

Todo perfecto. Diría que demasiado.

Bibi nunca se lo había planteado, pero sintió algo extraño cuando conoció a Silvia. La encontró muy atractiva. De joven, había tonteado con algún que otro chico, pero no acababa de cuadrar con nadie. Le gustaba demasiado su libertad.

Silvia no paraba de hablar. Explicaba anécdotas muy interesantes. En un momento de la conversación mencionó a un buen amigo suyo, también fotógrafo, que llevaba muchos años cubriendo las noticias de los dos lados del muro.

El mundo es un pañuelo. Se trataba de Andreas Kölhn.

Bibi dio un brinco. —Lo conocí en Barcelona, en una exposición del Primavera Photo, en el 83. Dijo.

Silvia sacó de su bolsillo la agenda en la que lo apuntaba todo. Pidió en la cervecería un teléfono y llamó. Veinte minutos más tarde, Andreas se presentaba en la cervecería.

La sorpresa fue compartida. Bibiana y Andreas pronunciaron, casi al unísono, la misma frase: —el mundo es un pañuelo de seda. Pequeño y delicado.

En compañía

Cada año se reunían a la misma hora y en el mismo Café, Andreas, Simón, Bibi y Silvia. Su amistad se había fortalecido con los años.

En la primavera del 88, Bibi se despediría con lágrimas en los ojos, pero con mucho cariño, de su mentora Joana Biarnés, que durante diez años, confió en ella plenamente.

La experiencia y Savoir-faire que adquirió en Barcelona fueron suficiente como para conseguir, en cuanto llegó a Hauptbahnhof, un trabajo de fotoperiodista para las Galerías Fotográficas más relevantes de Berlín.

La carta de recomendación que le había facilitado Joana por si tenía algún problema, no fue necesaria.

Bibi alquiló un apartamento muy modesto cerca de Spielplatz. Desde el primer instante en que le presentaron a Silvia, sabía que algo muy profundo en su interior se había activado.

No pasaron ni diez días desde que se instalara en su nuevo apartamento que Silvia ya había traído el cepillo de dientes y dos juegos de mudas por si acaso.

Por aquellas casualidades de la vida, el mismo día, a la misma hora, pero con tres años de diferencia, ocurrieron dos hechos que marcarían un antes y un después en la vida de cinco personas.

Bibi y Silvia empezaban su nueva vida compartiendo sábanas y profesión en Spielplatz, el 3 de mayo de 1988. Justo ese mismo día, pero en 1985, se volvía a reunir una familia que, cuatro años atrás, había sido desgarrada por culpa del destino.

Basilea

El señor Günter Strauss, era el Director Técnico de una cadena de galerías de arte en Basilea.

Su buen amigo Andreas Kölhn, le habló en una ocasión, de una amiga española, afincada en Berlín, desde hacía poco, que debería conocer. Le dijo que, para promocionar sus galerías en Alemania, sería bueno tener una reunión con ella.

Le explicó que Bibiana Flores tenía un ojo especial para captar el momento exacto de luz, de una manera innata, que solo ocurre cada mil años.

Aprovechando una de las reuniones que seguían manteniendo los cuatro amigos, Andreas les explicó a Bibi y Silvia que para finales de septiembre, les esperaba en Basilea, el señor Günter Strauss, un buen amigo suyo.

Le comentó a Bibi que Günter era el Director de una cadena de galerías de arte en Suiza y necesitaba una mirada fresca para plasmar sus obras en los nuevos catálogos que estaban preparando.

Silvia, que no conocía a todos los amigos de Andreas, le preguntó si por casualidad este hombre era el marido de Hannah, aquella mujer que extrajo su tío Sigfried en el 85.

Otra vez el pañuelo como protagonista.

—Sí. Le dijo Andreas.
—Es el mismo.

Silvia siempre había querido conocer a Hannah. Su tío Sigfried le había hablado mucho de ella, pero sobre todo de Gertrud, una mujer muy valiente con la que había colaborado durante años, aunque después de la extracción de Hannah, no volvió a verla.

Silvia y Bibi estaban encantadas de la vida.

Silvia, por fin conocería a la famosa mujer que entre su tío y Gert, salvaron la noche del uno de mayo de 1985.

1999

Bibi no se podía imaginar que, años más tarde, expondría su obra, incluidas las fotografías del accidente de Angrois, en una de las galerías más importantes de Basilea, de la mano de Ingrid, la hija del señor Günter y de Hannah.

Pero aún había más.

En la semana de la inauguración «Miradas de mil años», ocurrió otro hecho importante.

Mientras Bibi y Silvia estaban haciendo los últimos retoques en la galería Gagosian, observaron que, desde el fondo del pasillo, venían con una calma pasmosa dos figuras bronceadas, que les resultaban muy familiares.

Era su tío Sigfried cogido de la mano de una mujer rubia y tan alta como él.

Gertrud conocería a la persona que inmortalizó, en una fotografía, uno de los momentos más tristes de su historia. Una joven que coincidió el mismo día y en el mismo lugar, en el que murieron sus padres, aquel agosto del 68.

A seis grados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Scroll hacia arriba