De SPM a L’H

No hay manera de calcular la hora de subir al tren para llegar a un punto concreto, al que nos gustaría llegar con tiempo de sobra, sin sudar la gota gorda por los nervios que uno pasa, teniendo en cuenta que Lucas es del grupo de los puntuales.

Si no es por el cruce de dos trenes en una sola vía, es por la suma de todos los minutos de retraso, o por el robo del cable de cobre que más de un «malaje» ha perpetrado, o por la mala decisión de algún humano que decidió poner fin a su complicada existencia, o por un centenar de cosas más.

La cuestión es que no hay día en que no pase algo incontrolable.

Este martes, Lucas bajaba a la segunda ciudad más grande de Catalunya. L’Hospitalet de Llobregat. Para los amantes de las siglas: L’H.

Tenía una cita con una buena amiga.

Ser puntual tiene, a veces, desventajas.

Pensó que tomando el tren anterior, llegaría con calma. Podría darse un paseo por el centro de Barcelona, comprar un tubo que necesita y a una hora prudente bajar al sub para dirigirse a casa de su amiga.

Sus planes se fueron a la porra por culpa de cuarenta minutos de delay.

Un fantástico recorrido de una hora, se ha convertido en casi dos, con enlaces incluidos. De hecho, no sé por qué cuento esto si Lucas está de vacaciones y lo que menos le preocupa es perder el tiempo, pero me dijo que te lo dijera.

Eso sí, su té de la tarde no se lo ha saltado ni una gacela africana.

Como no podía ser de otra manera, la reunión con su amiga ha sido todo un éxito. Han hablado de un montón de cosas. En la conversación han salido nombres de personas conocidas por ambos. Entre sonrisas y caras serias, han intercambiado información vital que quedará, como no, para ellos.

Ya lo dice la frase aquella tan famosa de lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas.

Un diálogo fluido, sutil, genial como siempre. Conversaciones transparentes, profundas, con cariño.

Apoyado casi encima de la palanca de alarma del tren, Lucas me envió un sms para comunicarme que volvía a casa. No le quitaba los ojos de encima a un tipo que parecía levantarse y sin embargo solo se estaba acomodando en la butaca.

¡Eureka! ¡Sí que ha tardado el tipo en levantar su culo del asiento!

Miró a uno y otro lado del vagón por si veía alguna persona de edad avanzada y como que no había nadie necesitado de asiento, Lucas, de un brinco se abalanzó, tomando posiciones cerca de la ventana.

Con su amiga quedaron diálogos pendientes que guardarán en su cajita virtual para la próxima ocasión.

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