Quizás, la primera fue en 1992. No estoy muy seguro de eso, pero por ahí rondará. Tuve que pedirla porque, como autónomo y habiendo recibido un tanto en la mano derecha, no podía hacer funcionar el mouse del ordenador primitivo de aquella etapa. Diez días y solucionado. Se trataba del escafoides…

La segunda vez, podría haberla pedido, pero no lo hice. No me encontraba impedido. Solo una trombosis pulmonar de estar por casa. Las dos manos estaban en perfecto estado, así que no tuve que tramitarla.

Un secreto: «los autónomos nunca enferman».

Descansé los cinco días que me retuvieron en la UCI. Y en cuanto me dieron el alta, otra vez al ataque.

Esta, la de ayer, será la primera baja oficial no siendo un superautónomo que, como todos sabemos, nunca se ponen enfermos.

Aun así, tampoco me enorgullece haberla cogido. Fue enteramente, por prescripción facultativa. Pero estoy seguro de haber hecho lo correcto.

El lunes por la noche no podía con mi alma.

¿Qué ha pasado esta vez? En términos abruptos puedo decir que me di una hostia del quince en el sacro. Y, hasta ahí puedo leer.

Siete días de baja, antiinflamatorios cada doce horas y dopado hasta las cejas.

No llevo bien las bajas. Esto de quedarme en casa no me mola. Siento que estoy haciendo trampa, pero no es así. Realmente, el trabajo que realizo es bastante físico y hay que activar glúteos, lumbares, romboides, trapecios, cuádriceps, isquios, aductores, por lo que el sacro te da por el sacro…

Así que haremos caso al doctor y nos permitiremos hacer bondad los días que tocan. En cuanto pueda, vuelvo a las andadas.

En casa, me subo por las paredes y eso que solo ha pasado un día. ¡¡¡Un día!!!

Habrá que armarse de paciencia.

Baja

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