Tal y como mencioné el viernes sobre el evento que tendría al día siguiente, las expectativas se mantuvieron, muy justas, en la línea de flotación.

Uno piensa, cree y después de ver, comprueba que las expectativas no estaban a la altura de lo que se había imaginado previamente.

No pasa absolutamente nada. El mundo sigue girando.

Las expectativas son como la plastilina, que moldeamos según sean nuestros intereses. Nos hacemos una composición de lugar antes de estar en el sitio y una composición emocional, antes de tener sensaciones.

Hablo en plural porque estoy convencido de que no soy el único que piensa de esta manera. Ya he comentado que las expectativas las usamos de comodín para tener una mejor mano, pero sin darnos cuenta de que no sabremos nunca qué carta saldrá al robar.

Así que, si salimos de casa, como era mi caso, sin expectativas, podría jugar sin ideas preconcebidas. Aunque éstas se mantienen ocultas ahí, en la guantera, y aparecen cuando se abre el juego.

Ayer fue un sábado de mucho calor. Una buena cerveza nos acompañó durante nuestro juego. Un juego que tuvo principio y fin. Fue un juego amable, sosegado, pero sin expectativas.

No pasa absolutamente nada. El mundo sigue girando.

Ayer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Scroll hacia arriba