Después de 40 años

Después de cuarenta años, ha llegado la hora de jubilar a su inseparable «Lion cutting mat», de sesenta y dos centímetros de largo por cuarenta y cinco de ancho.

La compró la primera semana de inaugurar el curso de diseño gráfico, en la escuela LAI de Barcelona. Creo que ya no existe, como ha pasado con otras escuelas técnicas de su época. Estamos hablando de la friolera de 1983.

Creo que una de las pocas que sigue en pie es EINA-Elisava y, tal vez, IDEP, pero de esta última no tenemos noticias.

Lucas cursó cuatro años en LAI, una escuela puntera en las disciplinas de diseño gráfico, interiores e industrial, subvencionada por la Generalitat de Catalunya y con un elenco de profesores bastante interesante. Docentes propiamente y profesionales del sector, formaban el claustro del profesorado.

Uno de los profes que marcó su paso por la escuela fue Joaquim Trias i Folch, hermano de JosepMaria Trias, que desde el estudio Quod, trabajaba en colaboración con Javier Mariscal y América Sánchez, en el desarrollo y aplicación del palillo olímpico de la Barcelona’92.

Lucas y su madre, fueron a comprar los dos principales utensilios necesarios para el desarrollo de los estudios que iba a iniciar. Una mesa abatible con paralex y su inseparable «Lion cutting mat».

En Pepa Paper o Piera compraba el caucho, letraset, reglas, cartabones, un par de compases, rOtring®, pinceles para tinta china y cartulinas de millones de colores. Cuando ya estuvo más experimentado y tenía dinero para invertir, se atrevió a pedir galeradas de texto, transferibles de color, originales procesados con escáneres cilíndricos o repromasters, en la Casa Ciriano de Barcelona.

Eran épocas en las que todo se hacía a mano. Los primeros ordenadores de sobremesa no aparecerían hasta los años noventa. Así que todo se hacía de forma manual. Si necesitabas reproducir cualquier cosa, tenías pocas opciones, pero con una calidad excelente; reprografías, fotomontajes, repromasters, impresoras de sublimación, mesas de luz para retocar los fotolitos.

Cruzar los dedos para no equivocarte en el proceso de acabado y tenerlo que tirar todo a la basura, formaba parte del ritual. ¡Qué tiempos aquellos!

Lucas, aficionado a la fotografía, disparaba con Ektacrom 64. Un carrete le podía durar entre diez minutos y dos días. Llevar los carretes a revelar a Zebra o 24×30, era toda una aventura. Tenías que esperar, sí o sí, una semana cómo mínimo, para ver el resultado de tus instantáneas. Más de una vez te estirabas de los pelos porque el resultado no era el esperado y acababas de quemar cinco mil pesetas (treinta euros) de las de antes.

Asignaturas como Historia del Arte, Derecho de la propiedad intelectual, Aritmética o Descriptiva, se le cruzaron para siempre a Lucas. A él solo le molaban las plásticas en las que únicamente interviniese su creatividad y las ganas que tuviera de hacerlo lo mejor posible.

En el curso siguiente descubrió que la Descriptiva era mucho más importante de lo que creía. Tenía una gran importancia para el diseño industrial y el de interiores. Su aplicación era constante, pero la inconsciencia de Lucas le hizo perder muchas oportunidades de sacar las mejores notas. A él solo le interesaba la plástica y que no le tocaran demasiado los huevos.

La «Lion cutting mat» la utilizó para miles de ejercicios, para montar carteles que más tarde presentaría en más de un concurso. En aquella época, casi todos los concursos estaban amañados (eso me suena a algo) y ganarlo o no dependía de la influencia que pudieras causar en el jurado o simplemente, si te habías acostado con alguien influyente (esto último no es cierto, pero podría serlo perfectamente).

Hoy, segundo domingo del año, revisando qué tirar o retirar y qué seguir manteniendo, Lucas ha decidido darle cristiana sepultura a su inseparable «Lion cutting mat». Deformada por las esquinas, abombada por el centro y rayada como una pista de hielo, le toca, por fin, pasar a mejor vida. Igual tiene la suerte de reconvertirse en otra alfombrilla anticorte. Quién sabe. Hoy en día, de un paraguas puede salir el arco de un violín. O, tal vez no.

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