La sorda de Alexa

La inteligencia artificial cada vez está más presente en nuestras vidas. Los asistentes virtuales han venido para quedarse. Desde los primitivos auto respondedores que tenían en sus bases de datos muchas respuestas grabadas, se está investigando cómo sustituir los diálogos con los bots para entablar una conversación inteligente con los asistentes actuales.

En la película de ciencia ficción «2001, Odisea en el espacio», que se estrenó en 1968, el protagonista podía mantener una conversación con Hall 9000 de una forma prácticamente humana. Estamos hablando de una película que tiene 54 años de antigüedad. En este caso, la ficción se adelantó en el tiempo y ahora, cinco décadas después, tenemos a Siri, Alexa, Cortana, Bixby, Google assistant y otros que, seguramente, saldrán en breve. ¿A qué da un poco de miedo todo esto? ¿Han venido para facilitarnos la vida o para controlárnosla de una forma subliminal?

Cuando buscamos en nuestra agenda del móvil un teléfono, tenemos dos opciones: hacer una búsqueda a través del listado o activar el micro y decirle al smartphone el nombre de la persona a la que queremos llamar. Quizás, en un futuro no muy lejano, cuando hagamos la búsqueda por voz, el asistente responderá: —no le llames. No te lo va a coger. Está de ti hasta los mismísimos…

Hace unos días tuve la posibilidad de interactuar con Alexa. Fue muy divertido. Preguntas como qué tiempo hará en tal lugar si te vas a trasladar allí o que te busque una canción en concreto. Que te dé el resultado de la quiniela o te busque cuál es la gasolinera más próxima de donde te encuentras, entre miles de preguntas más, son las interacciones que te ofrecen estos pequeños monstruos virtuales. También le dije palabrotas. Te responde que eso no lo tiene contemplado en su base o de repente te sorprende con una respuesta que no te esperabas.

La dueña de la casa le decía a Alexa que buscara a un cantante y que, de forma aleatoria, fuese «pinchando» canciones. En un momento dado, supongo que Alexa se puso cachonda porque subió bastante el volumen. La propietaria de la casa le dijo: —Alexa, baja el volumen. Y a esta mona virtual le entró por un cable y le salió por el otro. Es decir, que se la sudó mucho. Así que la dueña de la casa y, por lo tanto, de todo lo que había en el interior, se acercó un poco más y, levantando sobremanera el tono de voz, le dijo: ALEXA, BAJA EL VOLUMEN. Esta vez le hizo caso. Creo que Alexa pensó: «como no le haga caso, igual me desenchufa».

Le pregunté a la dueña si otra voz ajena podía darle órdenes a Alexa y me dijo que sí. Entonces, me acerqué despacito, descalzo, para que no se sobresaltara y le dije: Alexa, vete a tomar por culo. Y la tía me puso la canción de un grupo musical con ese nombre. ¡¡¡Qué cachonda la muy jodida…!!!

La sorda de Alexa

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