01.06.16

No es una fecha. Tampoco un código secreto.

Es el tiempo que ha durado la primera incursión ciclista, después de casi nueve años de no subirse a una.

Una bajada agradecida. Doscientos metros de recta. Una subida que no se acababa nunca. Descanso de cinco minutos. Otra cuesta importante. Recuperación. Y, para iniciar la ruta, una cuesta de las que cuestan.

Llegamos a la tierra. No somos astronautas. Antes, era asfalto.

Alcanzado el primer objetivo: llegar a la plantación de olivos.

Pasamos de largo.

Necesito respirar. Camino un trozo.

Se nota el fuelle.

Te pesan las piernas. Esa es la idea.

Valoramos la vuelta. El cielo está negro. Puede que llueva.

Una bajada pronunciada de tierra.

Recuerda: —frena con los dos.

El culo hacia atrás.

Conseguido.

Al final del camino, una recta corta, que se agradece.

Volvemos por carretera. Cuatrocientos metros.

Vestidos de ciclistas. A diario, de motoristas.

Empieza a llover.

01.06.16

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